Sábado y después

—¿Qué día es hoy?
—Es sábado.
—Sábado ¿y qué más?
—Sábado y después.
—Eres un redicho. ¿Donde estoy?
—¿No lo sabes?
—No.
—Luego te lo digo. ¿Ves algo?
—No mucho, está oscuro.
—Abre los ojos.
—Los tengo abiertos, listo.
—Entonces espera un poco a que se te adapten a la oscuridad.
—¿Cuánto rato llevo aquí?
—Da igual.
—No, no da igual. Dímelo.
—¿Por qué siempre quieres saberlo todo?
—Es lo mínimo que puedo exigir.
—Te lo explicaré.
—Espera. He visto algo. Un destello.
—¿De qué color?
—Blanco.
—Síguelo.
—Desapareció. Ahora está más oscuro que antes. ¿Donde estás? Tu voz viene desde todas partes.
—Ya hablaremos de eso. Ahora tienes que salir de ahí. Empieza a caminar.
—¿Hacia donde? No se ve nada.
—Ve a la izquierda. Luego a la izquierda otra vez. Y después gira a la derecha. Y si ves algo, dímelo.
—He visto otro destello.
—¿De qué color?
—Rojo.
—Entonces ve en dirección contraria…
—¡Espera! No puedo seguir, ¡hay una pared!
—Da media vuelta y espera a ver otro destello.
—No veo nada. Esto está cada vez está más oscuro. Oye, ¿estás llorando?
—No
—Pues oigo llorar.
—Entonces ve hacia donde oigas el llanto.
—Suena tras la pared ¡no puedo seguir!
—Pues ve a la derecha. Date prisa.
—Estoy cansada.
—Ya descansarás. Venga, vamos.
—¿Por qué no vienes tú y me ayudas?
—No puedo, venga, a la derecha. No tenemos mucho tiempo.
—Eres un cobarde.
—Si, lo soy, pero no te pares, derecha, corre.
—He visto otro destello.
—Da igual, sigue a la derecha, deprisa.
—Era rojo otra vez. Rojo oscuro, del color de la sangre.
—Huye de él, no lo mires.
—Blanco sí, rojo no… Estoy harta de tus manías.
—Lo sé, pero hazme caso por una vez. Vete de ahí o te alcanzará y no podrás salir.
—¿Hacia donde? ¡No veo nada!
—Derecha. Y luego izquierda. Después de frente y luego izquierda de nuevo.
—Oigo pasos. Algo se acerca.
—Corre, no te pares. ¡Queda poco tiempo!
—Tengo frío. Quiero que vengas y que me abraces. Quiero que me hagas el amor toda la noche.
—No sabes lo que dices. ¡Cállate y sigue andando!
—Algo me sigue muy de cerca. Ven, por favor, defiéndeme…
—¡Vete de ahí! Por favor.
—Voy a gritar si no vienes.
—Yo voy a llorar si no te vas.
—Te quiero.
—¡Mientes!
—Te quiero mucho.
—¡Cállate!
—Olvida lo que ocurrió. Ven aquí y fóllame hasta que amanezca.
—¡Sal de mi cabeza!
—Nunca me iré de aquí. Estaré contigo hasta que mueras.
—¡Sal de mi cabeza de una puta vez!


(DOMINGO Y DESPUÉS)

—Veo veo
—¿Qué ves?
—Una cosita
—¿Con qué letrita?
—Con la “O”
—¿Olvido?
—¡No! ¡Obsesión!
—No tienes compasión
—Lo sé. Me encanta.

Deja un comentario