12 meses. Marzo

LA PRIMAVERA

Los hastíos del invierno vuelven como vidas pasadas, como insomnios de muñecos rotos.
El tic tac de mi cabeza sólo es hielo derretido, que gotea –que golpea–, del mismo modo que la consecuencia de Marzo, su última voz –otra vez–, es la primavera:
Ve corriendo a contar las flores.
Yo me quedo, contando las estrellas.

12 meses. Febrero

LA AUSENCIA

Esos días ausentes de Febrero son los ecos de Enero que alguien olvidará y al día siguiente echará de menos.
Sol de lluvia, frío de nieve, flor de niebla y de invierno terminarán, pero, como los buenos sueños, lo que viene después nunca es mejor.
Hay ausencias que no acaban, aunque tratemos de llenarlas con la primavera que vendrá.
Sueña si así lo deseas. Al despertar verás que lo que a Febrero le falta no puede cubrirse con nada.

12 meses. Enero

La verdad.

Aunque troceemos la realidad en pedacitos de 30 días para poder entenderla mejor, a Enero le basta sólo un intento y en su llegada nos hace un sitio a modo de última oportunidad.
Nuestra versión de la verdad, elegida o impostada, quedará cubierta por el frío de Enero. Y sólo entonces sabremos que nada ha cambiado, que la venda sobre nuestros ojos sólo será un poco de escarcha volada por el viento gélido de Enero.

12 meses. Diciembre

La huida.

Esto no es “…y se marchó y a su barco le llamó libertad y en el cielo dibujó gaviotas…”
Cuando el valor se marcha, no queda ni siquiera el atrevimiento de poner nombres estúpidos a barcos que se adentran en el mar para no volver.
Los días contados de Diciembre huyen. Ya no importa el tiempo que llevamos sino el tiempo que queda para que todos los relojes se paren a la vez. Pero hasta que suceda, Diciembre huye sin mirar atrás… Mientras lo hace, yo me quedo con los puños levantados y cara de idiota. Vacío, engañado, no hay guerrero más vencido que aquel que no tiene adversario.

12 meses. Noviembre

El final.

No todas las cosas empiezan en Enero ni terminan en Diciembre.
Noviembre llegó puntual pero lo hizo con los ojos en blanco… y no era un blanco de nieve.
No hablaré de las hojas del Otoño –que ya ni siquiera buscaré– tampoco del frío o de la lluvia; el final llegará como una amenaza a destiempo. Nadie lo creerá pero todos tendremos que asumir sus consecuencias porque no quedará otra opción.
En la nueva verdad, la genialidad reverenciará a la desolación y no tendrán tiempo de mirarse a los ojos –esos ojos en blanco que no eran de nieve–.
No llegaré. No llegaremos. Todo terminará en Noviembre, antes de que el frío regrese. Cuando no toca, cuando aún queda por caer, por sufrir, por morir.
No hace falta que lloréis, no nos dará tiempo. Yo no lo haré porque también soy nada. Ya, ahora. También. Además.
La tardía profecía del Otoño que nadie creyó. Por la que todo se arrastra, rodando hacia su fin, antes de que el Invierno llegue, con los ojos en blanco, esos ojos extraños que no eran de nieve.