El abismo

A lo primero el abismo solo me miraba. Pero ahora, incluso, me habla. Hazme un poema –me dice siempre–. Le gustan tanto que ya voy por el tercer libro. Y aquí sigo, sentado en el borde, escribiendo.

¿Volveremos a vernos? No lo creo. Pero hagamos una cosa. Ya que has venido, quédate un rato conmigo. Hablaremos sin miedo y cantaremos sin voz. Después márchate. Déjame sentado, mirando al abismo, dedicándole poemas. Tengo todavía mucho que escribir: Tu piel, mis heridas, nuestro canto mudo y todas las historias que perdí. Sólo cuando el abismo deje de mirarme seré libre. Entonces buscaré un cielo oscuro al que dedicarle mis poemas.

Deja un comentario