Azul

En mi sueño la playa era azul y se confundía con el mar y con el cielo. El océano respiraba y su cadencia lenta sostenía los círculos en los que volaban las aves.
Vi a lo lejos una figura también azul que acercaba despacio. Parecía un trozo de horizonte que escapó de su línea y echó a volar hacia la orilla justo por encima del agua. Su movimiento parecía irreal como la torpe deriva de un barco, pero era ajeno al vaivén del mar y venía directo hacia mí. Detrás, la ciudad observaba altiva desde lo alto de los edificios grises. Delante, el color azul lo inundaba todo y no quedaba sitio para nada más, tampoco para los sonidos.
Cuando la figura azul llegó hasta mí me rodeó y me arrastró mar adentro. Su abrazo apretaba y dolía, no tengas miedo, me dijo, pero yo sólo tenía frío. Un frío azul que cortaba la respiración.

La línea del horizonte, esa que nunca puedes tocar se anudó en mi cuello. Lo último que recuerdo es el lazo que formó con los extremos. Y supe entonces que me había convertido en un regalo ofrecido al océano, en una bandeja interminable de color azul.

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