LOS OCHO DÍAS DE LA SEMANA

LUNES
Amaneció muy nublado y con mucha humedad en el ambiente. Un viento suave mecía los primeros minutos del día. En aquellos instantes previos a la tormenta, las calles estaban llenas de gente que paseaba con prisa.
Las nubes empezaron a colorearse. Primero era solo un ligero matiz, pero en unos pocos minutos el cielo estaba salpicado de púrpura, granate, amarillo y un precioso verde esmeralda. Los relámpagos iluminaban el cielo con un rojo intenso y sonaban como solos de batería de jazz. Después llovió confetti y cintas de colores, y en algunos sitios, canicas en lugar de granizo y azúcar glas a modo de nieve. La gente no dejaba de hacerse selfies por lo bonito y colorido del entorno. El hielo de las montañas y los polos se convirtió en alabastro y la arena de las playas y desiertos se transformó en mismísimo polvo de estrellas. La gente lo soplaba a la par que pedía un deseo y cerraban los ojos ilusionados. El mar muerto cobró vida y sus aguas frescas eran todo un disfrute para bañistas y surfistas. Los libros salieron volando de las bibliotecas y en el cielo danzaban con las aves y dibujaban curiosas figuras que, con el color de las nubes de fondo resultaban espectaculares. El sol lucía como el faro de Alejandría y esa noche la luna parecerá una tarta de chocolate blanco. Las estrellas también serán de colores y parpadearán como las luces de Navidad. Los volcanes dejarán de escupir lava pero iluminarán la noche proyectando en el cielo formas cambiantes como majestuosas auroras boreales.

La gente, maravillada por la originalidad y el colorido de todo, ese día fue inmensamente feliz.

MARTES
Después de apagar los despertadores, más de uno se dio cuenta de que las manecillas de los relojes se detuvieron… e inexplicablemente empezaron a ir hacia atrás.
En seguida, los satélites advirtieron que el planeta Tierra había invertido su giro y también el transcurrir del tiempo: Los espejos reflejaban imágenes pasadas y la gente no se lo podía creer cuando veía su rostro sin arrugas. Las fotos en los marcos también rejuvenecieron. Las bolas de cristal de los adivinos mostraban el pasado –la mayoría de ellos se quedó sin trabajo porque a nadie le interesaba conocer lo que ya sucedió–. La gente empezó a olvidar las últimas cosas y eventos porque en realidad, nunca habían sucedido; hubo quien empezó a escribir sus memorias antes de que no tuviesen nada que recordar. Muchos matrimonios volvieron a quererse, más de uno anuló su cita en los juzgados para divorciarse. Las calles se llenaron de niños que jugaban en lugar de mirar el teléfono móvil y los jóvenes ya no decían continuamente “en plan” ni “bro”, sino “dabuten” y “nasti de plasti”. Freddy Mercury, Los Rolling Stones, Aretha Franklin, ABBA y las Spice Girls sonaban de nuevo en la radio y ocupaban los primeros puestos en las listas de ventas. El eslogan de “Paz y amor” volvió a ponerse de moda. Estados Unidos y Rusia comenzaron otra guerra fría. Los habitantes de Chernobyl volvieron a sus hogares. Las mansiones abandonadas recuperaron su porte y elegancia, los fantasmas saludaban a la gente desde los jardines y les invitaban a pasar para ponerse al día. Volvió a estrenarse en primicia la película “Lo que el viento se llevó” y la realidad empezó a teñirse de color sepia, igual que las antiguas fotografías.

El dinero dejó de ser la cosa más importante y la gente volvió a llevar una vida sencilla sin tantas preocupaciones ni estrés.

MIÉRCOLES
Amanece y la gente se levanta de la cama para empezar las rutinas diarias. Apenas comienzan las conversaciones empiezan los malentendidos, las discusiones y el caos. Nadie está seguro de lo que ocurre pero muy pronto se darán cuenta: Toda la humanidad, sin excepción, ha perdido la capacidad de decir la verdad.
Todas las interacciones personales e interpretaciones se vuelven caóticas. La gente entra en pánico, nadie entiende a nadie. Los medios de comunicación se vuelven inútiles y ante tal desinformación las cadenas de televisión cesan las emisiones y sólo ponen películas y series en bucle. Los políticos siguen hablando y mintiendo como si no pasara nada, en realidad son los únicos que parecen no haberse dado cuenta de lo ocurrido y en su falsedad tratan de resultar lo más convincentes posible engañando como hacen siempre. Los científicos sólo disponen de evidencias falsas y proponen teorías erróneas. Siendo imposible el entendimiento, las soluciones nunca llegan a ponerse en práctica ni siquiera aplicando la lógica inversa. La gente pronto busca alternativas: Deja de hablar y de escuchar porque no sirve de nada, comienzan a comunicarse con gestos, movimientos y poniendo como ejemplo frases de libros, imágenes de cuadros y canciones ya existentes. La danza, los símbolos, la música y cualquier otra forma de arte cobra toda la importancia. Las parejas buscan otras maneras de expresar su amor: el sentido del tacto y el olfato, los abrazos y escuchar el latido del corazón del otro hace que mucha gente vuelva a enamorarse y sentir emociones que creían olvidadas. Los países que estaban en guerra cesan sus hostilidades y bombardeos porque ningún dirigente se atreve a dar órdenes ni los soldados a cumplirlas. Por las noches la gente también hablará en sueños… y seguirá mintiendo. Ya no podrá dejar de hacerlo.

En un mundo donde la cháchara lo era todo, las miradas, la intuición y los silencios cargados de intención sustituyen las palabras.

JUEVES
Suenan los despertadores. La gente con mascota (especialmente los dueños de los perros) se levantan extrañados porque éstos, impacientes, no les han despertado para el paseo. Los buscan por toda la casa pero no están en ninguna parte. No hay perros, ni gatos, ni hámsters, ni periquitos, ni peces. Fuera de los hogares sucede exactamente lo mismo. Han desaparecido, sin excepción, todos los animales del mundo.
En las casas hay lágrimas y en las granjas y zoológicos, el más absoluto silencio. Tras el desconcierto inicial, la gente pronto saquea todas las existencias de los supermercados, los huertos y las cosechas. Los cultivos locales y mundiales son incapaces de abastecer a la población y una vez agotadas las reservas empiezan las hambrunas. Los fallecidos no se descomponen porque ya no hay acción microbiana ni insectos que se alimenten de los cadáveres y las ciudades no dan abasto para incinerar ni enterrar a los muertos. Las flores ya no pueden ser polinizadas y el frágil equilibrio de los ecosistemas se rompe mucho antes de lo esperado. Ante la ausencia de los herbívoros las plantas y rastrojos empiezan a crecer y mutar descontroladamente. En muchos sitios se reportan ataques de vegetación a personas. Nace el “Proyecto Noe” en el que biólogos y otros científicos tratan desesperadamente de crear una nueva especie animal con el ADN existente en los museos de ciencias. Muchos veganos denuncian agresiones y la gente les reprocha lo sucedido. Ellos, a su vez, culpan al resto del desastre. Los toreros y banderilleros salen de sus fincas para buscar trabajo y las fiestas de los pueblos se anulan por la ausencia de vaquillas porque los lugareños más viejos, con el palillo y el puro chupeteado en la boca gruñen que no es lo mismo sin ellas. Los laboratorios y muchas empresas de cosmética ya no pueden seguir investigando y aunque piden voluntarios, nadie se presenta. Algunos cazadores no pueden reprimir sus ganas de disparar y salen por la noche a cazar mendigos y jóvenes que vuelven de las fiestas; no renuncian ni a hacerse la foto con la escopeta en la mano, la presa en el suelo y la sonrisa en los labios. Hay desapariciones en todo el mundo, se han creado mafias que secuestran y asesinan a personas para vender su carne a precio de oro. La carne de bebé será la más preciada y estará al alcance tan solo de unos pocos.

La cadena alimenticia se queda sólo con su primer eslabón y el mundo colapsa. Nadie sabrá nunca por qué sucedió, pero mucha gente pensará que como consecuencia de nuestro egoísmo desmedido y maltrato a los animales, hartos de nosotros decidieron abandonarnos. Y sin ellos, estamos condenados a la extinción.

VIERNES
El sol asciende despacio por el cielo, vestido con sus mejores colores mientras la orilla, las olas, la arena y la espuma danzan con su peculiar vaivén… pero ese delicado equilibrio se rompe y la orilla empieza a adentrarse hacia la línea del horizonte, primero despacio, luego cada vez más y más rápido. La gente que a esa hora está en la playa no puede creérselo: el mar está desapareciendo.
Los niños, aún con los flotadores alrededor de sus cinturas, señalan inocentemente hacia el mar como preguntándose por qué las aguas se distancian cada vez más de la orilla. Los peces y medusas se mueren sobre la arena mojada que antes había ocupado el mar. Los surfistas vuelven con la tabla de surf bajo el brazo y se miran sorprendidos mientras los pescadores se pelean por coger los peces de las orillas para venderlos. La noticia se extiende muy rápidamente por el mundo y nadie se queda de brazos cruzados. Los religiosos, dicen que Dios está preparando su apocalipsis final y millones de personas se agolpan en las iglesias para pedir perdón por sus pecados. Los astrólogos dicen que aquello era de esperar, por la poderosa conjunción astral de Marte con Andrómeda en el signo de Géminis con ascendente Cáncer. Los grupos ecologistas echan la culpa a los gobiernos del mundo, por no regular eficazmente la polución ni la contaminación del agua. Los científicos tratan de encontrar una explicación. Se habla del efecto invernadero, del efecto dominó, del efecto bola de nieve, del efecto látigo, del efecto lupa, del efecto estroboscopio y hasta del efecto boomerang… Todo es palabrería hueca para justificar un hecho que se les escapa literalmente de las manos. El mundo entero está en alerta roja. Todos los ejércitos del mundo están movilizados por sus respectivos gobiernos pero en realidad no es más que una mera fachada, porque nadie sabe dónde ir ni qué hacer. Las playas tienen ya miles de kilómetros de arena; el horizonte ha dejado de existir. Todas las especies marinas, sin excepción alguna, han muerto… Los barcos, yates y transatlánticos yacen tumbados aleatoriamente en el fondo de los puertos y diques. Las televisiones y radios retransmiten contínuamente la noticia y toda la humanidad está en la calle haciendo algo diferente: Los religiosos rezan, “GreenPeace” y demás grupos ecologistas se manifiestan exigiendo soluciones a los gobiernos ya que el desastre está, sin duda alguna, originado por el nivel de dióxido de carbono en la atmósfera, además del agujero de ozono, claro. Los poetas escriben sin parar acerca de la tristeza de las gaviotas. Los enamorados lloran porque no verán más el atardecer en las playas. Por iniciativa de la “Asociación de Amigos de Julio Verne”, las editoriales imprimen una nueva edición de su libro “20.000 leguas de viaje submarino”. Los pescadores se quedan sin empleo; las redes secas y enredadas se van al fondo y allí se quedan junto con miles de toneladas de basura y plásticos que antes habitaban los mares. Las plantas salinizadoras venden sus reservas a precio de oro. Varias empresas de ocio y entretenimiento ofertan excursiones y visitas a los restos del Titanic. Lo más demandado es la foto en el extremo de la proa, emulando a Kate Winslet y Leonardo DiCaprio.

Los satélites muestran fotografías de La Tierra sin nada de agua. El llamado “Planeta azul” ha dejado de serlo y se ha convertido en un desierto interminable. A la humanidad le queda muy poco tiempo antes de extinguirse.

SÁBADO
Amanece un día primaveral; es fin de semana y la gente se levanta más tarde de lo habitual. Aquellos que viven acompañados se comienzan el día en silencio. Tienen el gesto extraño y se miran de reojo sin atreverse a pronunciar palabra. Los que viven solos hacen sus rutinas pero parecen preocupados y no saben por qué. Solo los enamorados y recién casados se han dado los buenos días y después de darse un beso se han limpiado los labios en la manga con disimulo. Después desayunarán sin pronunciar palabra. En las calles la gente se cambia de acera cuando se cruza con alguien y muchos se vuelven a sus casas evitando la cercanía de otros. En las tiendas y centros comerciales hay un silencio absoluto. La gente camina despacio mirando en todas direcciones y volviendo la cabeza continuamente. Algunos se amenazan e incluso amagan un puñetazo, cuando alguien se acerca demasiado. En todas las miradas hay desconfianza y miedo. En algunas de ellas, se intuye terror. La gente ha perdido la capacidad de confiar en otros.
Los empresarios empiezan a despedir trabajadores porque ponen en duda su profesionalidad. La gente deja de comprar porque se sienten estafados. Los medios de comunicación no confían en las fuentes de sus noticias ni en los reporteros, que tampoco confían en los testigos de los sucesos ni entrevistados. Los políticos y dirigentes rompen las coaliciones y sus discursos son más vacíos y arquetípicos que de costumbre. La gente no se cree nada de lo que dicen y cuestionan la validez de las leyes y normas. Pronto se instaurará la anarquía. Los científicos e investigadores ya no comparten sus descubrimientos y el desarrollo tecnológico se estanca. Los alumnos cuestionan a los profesores y los profesores cuestionan lo aprendido en la universidad. Los pacientes no se fían de los diagnósticos médicos y se automedican empeorando el problema. La gente se siente continuamente amenazada, hay conflictos y agresiones y nadie sale de casa sin un arma. En los juicios, los abogados no creen a sus clientes, el jurado no cree las versiones de las partes y los jueces no se creen nada de nada. Los países en guerra primero intensifican las hostilidades y después las detienen por si el contrario posee armas de destrucción masiva. Las parejas se rompen, los amantes discuten, los matrimonios se separan, las familias dejan de hablarse, los socios se pelean y cierran sus negocios. La gente ya no da “likes” en las redes sociales, que en poco tiempo pierden todos los usuarios. Finalmente la gente, insegura y asustada se queda aislada en su casa. El mundo entero se queda paralizado y todas las estructuras sociales en todos los ámbitos desaparecen por completo. La humanidad ya no es tal. Se ha transformado en –simplemente– unos cuantos miles de millones de individuos abocados a la extinción.

Es la era de las comunicaciones y la conectividad global y total. La paradoja es que sin la confianza de los unos en los otros, todo lo demás no sirve de nada.

DOMINGO
Empieza el día y a esas horas las calles aún están vacías. Hay una tranquilidad que después de todo parece artificial, algo así como la calma que precede a la tormenta. Da la sensación de que el sol es un enorme foco y la ciudad parece un gran decorado. Las puertas se abren y la gente sale de sus casas con decisión y paso firme. De repente, todos empiezan a cantar… como si fuera lo último que harán en su vida, como si no hubiera ninguna otra opción. Sobreactúan, gesticulan, cantan y bailan con elaboradas y vistosas coreografías. Hoy la vida transcurre como un musical de Hollywood.
Todas las conversaciones –incluso las triviales– se transforman en números vibrantes, cualquier lugar se convierte en un colorido escenario que se ilumina y adapta a la temática de la canción, incluso el mobiliario y los objetos y están colocados con precisión para integrarlos en el número musical. La gente que en ese momento está cerca de la acción colabora uniéndose a las coreografías o haciendo los coros. Por la noche, todos los habitantes se reúnen en el centro de la ciudad que albergará un divertido y emocionante espectáculo. Bañados en luces, música y dramatismo la gente regresa a su casa feliz. Terminarán el día sin dejar de cantar, cenando copiosamente, riendo a carcajadas y durmiendo como lirones después de hacer el amor apasionadamente.

Todos los problemas y diferencias se han resuelto cantando, bailando y con la colaboración de los demás. La gente se ha sentido feliz protagonista de su vida que hoy pareció seguir un guión escrito con maestría y originalidad.

LUNES
Amanece el octavo día desde que los días empezaron a ser diferentes. Ayer por la noche, del cielo colorido todavía llovía confetti mientras el tiempo corría hacia atrás y la gente que mentía sin parar se preguntaba dónde estaban los animales y el agua y la confianza y por qué al día siguiente todo parecía el estreno de un musical de Hollywood. Verdaderamente todo había sido muy extraño esa semana. Hoy en cambio, el cielo es azul, el sol está radiante y a primera hora de la mañana la gente camina por la calle sin que aparentemente ocurra nada raro, soñolientos y con el rostro más bien serio, cada uno con una historia que contar.
El primer informativo de la mañana empieza a la hora prevista y habla del conflicto de Rusia y Ucrania, de la guerra de Israel y Palestina, del cambio climático, del hambre en el tercer mundo, de los asesinatos machistas, del aumento de CO2 en la atmósfera, de la deforestación, de la crisis migratoria y económica, de la desaparición de glaciares, del envejecimiento de la población, de los microplásticos, del aumento del nivel del mar, del maltrato animal, de los suicidios en adolescentes, de la pérdida de biodiversidad y de la corrupción política entre otras muchísimas desgracias y desigualdades.

“Menos mal que todo ha vuelto a la normalidad” pensarán muchos al ver las noticias. Y después seguirán con sus vidas como si nada.

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