En la cocina

Tengo un cuchillo muy afilado. En mi piel, grabo con su filo los días que me siento feliz. Luego sazono la herida con sal y pimienta. Y unas gotitas de zumo de limón.

Los latidos van a la nevera, los recuerdos al microondas y las ganas al cajón de las especias.

Una gota de sangre se va por el desagüe, después lloro sobre la sopa.

Bajo la pizza cruda acabó mi alma. Junto a la escoba, barrido, el niño que fui.

Busqué la –sucia– culpa en el cesto de la ropa.
Terminé dando vueltas, en la lavadora.

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