Vale, acepto,
pero antes…
apaga la luz
y date la vuelta.
Cierra los ojos
o mejor grápatelos,
para que no veas
ni la trampa ni el cartón.
Ponte los guantes,
los de cota de malla,
acaríciame cuanto gustes
y también aráñame,
que lo tengo merecido.
Hunde los tapones
bien adentro en tus oídos,
no quiero que oigas
mis excusas y lloriqueos.
Piensa en otra cosa,
que no quiero que sientas
el calor de mi cuerpo
deforme, maldito.
Cuando termines,
por favor,
abrázame bien fuerte
y bien lejos,
que hoy estás muy guapo
y no quiero contaminarte
con mis defectos,
mis miserias
o mis miedos.
Después emborráchate
hasta perder el sentido,
para que puedas olvidar
la patética experiencia.
Pero sobre todo,
no te olvides de decirme
lo que me quisiste…
y cuánto te falta
para que me odies
como yo lo hago.