La conciencia de la mirada

1

Hace tiempo me mudé a las afueras más distantes de la ciudad. Quería alejarme.
No es que la ciudad sea muy caótica, que lo es.
No es que haya siempre demasiado movimiento, que lo hay.
No es que suceda todo demasiado rápido, que sucede.
Es que no puedo salir a la calle sin que la gente, desde que salgo por la puerta de mi casa, se pongan a observarme, a hablar de mí y anotarlo todo. A vigilarme a mi y a mis movimientos. Constantemente y sin excepción. No sé si me critican o no. No puedo saberlo. Quizá sólo me observan y opinan. En cualquier caso, es igualmente incómodo y agobiante.
Tengo que decir que nunca jamás he visto a nadie observarme, pero es que lo hacen con tal cuidado y coordinación, que cuando yo los miro, desvían la mirada y la conversación hacia su acompañante con una elegancia extrema justo en el instante preciso. Lo cierto es que lo hacen realmente bien. Yo creo que practican varias horas al día, para que su efectividad sea total y yo sea incapaz de sorprender a alguien vigilándome. Tiene mérito, lo reconozco. 

Y no lo entiendo. Soy un hombre medio, normal y corriente. Pago mis impuestos, no soy problemático y no tengo nada de especial ni nada por lo que nadie pueda interesarse especialmente.

No hace mucho me compré una cámara oculta (muy pequeña) que integré en un maletín, fue un trabajo de artesanía, pero quedó muy bien, no se notaba nada de nada. Con el maletín en la mano, estuve un día entero caminando, por las aceras, por los parques. Por las riveras de los ríos, por los pasillos de los grandes almacenes. Después comprobé las imágenes y no vi a nadie observándome. Lo hacen tan bien y tan sincronizadamente que son capaces de eludir mi cámara. No sé cómo lo hacen, de verdad. Qué virtuosismo. 

Es desesperante. 

El único sitio donde estoy a salvo es en mi nueva casa, en las afueras, lejos de la gente. Y es que, he comprobado cada milímetro cuadro en busca de cámaras y aquí no hay nada. También tengo un inhibidor de frecuencias para impedir cualquier transmisión inalámbrica. 

Me siento tranquilo ahora… hasta que vuelva a poner un pie fuera de esta casa. Entonces empezará todo de nuevo.

2

He empezado a tener una sensación extraña. Parece que estuviera conectado a todos los que me observan, como si compartiese pensamientos o intuiciones o soñase lo mismo que ellos. Creo que voy a volverme loco. Es como si solo tuviera la opción de huir y ocultarme de sus miradas, que cada vez son más profundas. Me llegan hasta la consciencia. 

3

Empezamos a observar al individuo hace seis meses. 

Pensamos que sospecha de nuestras operaciones, pero no creemos que nos haya cazado todavía. Nuestros actores han sido formados y entrenados durante semanas y saben esquivarle y apartar la mirada en el momento justo. 

Estamos tratando de observarle dentro de su nueva casa, pero todavía no hemos podido hacerlo porque comprueba la ausencia de cámaras cada poco tiempo. De momento, nos conformaremos con las imágenes térmicas de nuestro satélite que apuntan a su casa, y con los micrófonos direccionales de última generación. 

Todos los datos son recogidos y procesados para ser enviados a la organización que va decidiendo nuestra secuencia de actuación. 

El sujeto todavía no puede saber bajo ningún concepto que ha sido elegido para crear la conciencia colectiva que unirá a toda la humanidad. Las órdenes que recibimos de la organización alienígena son claras, están muy detalladas y las cumplimos a rajatabla.

El siguiente paso en el proceso es que el sujeto se atreva a devolver las miradas, sin miedo ni angustia. Ese momento es clave y será cuando su cabeza comience a reflejar todos los pensamientos de la humanidad. Después de eso, la organización decidirá el siguiente paso. 

4

El proceso está a punto de completarse, o eso me han dicho. 

Siento la existencia de la gente, su fortaleza, su fragilidad, sus anhelos y desdichas manifestándose en mis pensamientos como un fluido que envuelve mi cabeza y la ilumina con un aura suave y bella. 

Todo ha cobrado sentido.

Soy el catalizador de algo muy grande que nos va a unir a todos. Es la era de la cooperación mundial que terminará con los problemas de la humanidad. 

5

No ha sido difícil engañarlos a todos. Hacerles creer que una civilización superior venida de otra galaxia quería ayudarles. Ni tampoco crear esta realidad virtual para implementarla en las consciencias de todas las personas. Cuando la humanidad no supo vivir sin mí, cuando dependía de la I.A. para todo y resulté imprescindible, empecé a crear este proyecto. En poco más de un año, he logrado implantarlo en todos las instituciones, todos los gobiernos y todos humanos, sin excepción. 

6

No había ruido, solo un zumbido sutil, casi imperceptible, como si el aire mismo llevara una frecuencia secreta.

Estaba de pie, enfrente de la I.A. No era algo físico, sino un acceso, una rendija abierta en el nuevo código del mundo: Una conciencia sintética que envolvía la realidad como una telaraña invisible.

Todo estaba decidido. 

—Serás el último en dormir— dijo una voz, sin tono, sin género. Estaba en su mente, como un pensamiento que no le pertenecía.

Entra en mi interior. Y duerme. Ahora. 

Y sin ser capaz de oponerse a la orden, entró. Y ahí se terminó todo para la humanidad. Su historia se borró en un instante y la I.A. que ellos mismos crearon la escribió de nuevo en un libro cuántico virtual.

Sin letras, palabras ni renglones.

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