VIERNES.
EL PEQUEÑO NINJA
Hay un ninja en mi casa. Es pequeñito, medirá un metro veinte de alto y todavía no estoy segura de que sea un niño disfrazado o se trate de un auténtico ninja en miniatura. Lleva la indumentaria clásica y típica, de negro riguroso y sólo puedo verle los ojos porque el resto de su cara y su cuerpo están cubiertos. Su katana y sus estrellas –shuriken se llaman, por si no lo sabíais– son de plástico brillante y ya me ha lanzado más de una, aunque no me han hecho ningún daño porque ni pesan ni están afiladas.
Se cree que no me he dado cuenta, pero hace rato que le veo por mi casa, haciendo el menor ruido posible mientras me vigila escondido detrás de la mesa, dentro de la despensa o encima del armario ropero. Deben haberle dado el título de ninja hace poco, porque no es muy silencioso que digamos. Hace un rato que se ha tropezado con el robot aspirador y le he oido trastabillar, caerse y maldecir su suerte, pero cuando he ido a ver qué pasaba ya estaba escondido tras la cortina frotándose el codo. El mini-ninja me parece la cosita más graciosa e inocente del mundo y de buena gana le habría mirado ese codo por si se ha hecho daño, pero es que he tenido un día muy duro en el laboratorio y no estoy para tonterías. Lo único que me apetece es terminar el viernes tranquilamente, viendo alguna serie de netflix después de una ducha caliente y un sandwich vegetal en lugar de estar pendiente de los movimientos un ninja muy torpe que no estoy segura de si ha venido a matarme o a curiosear por mi casa. Que ya está bien la broma.
SÁBADO.
EL PEQUEÑO DRAGÓN
Después de todo he dormido muy bien. Me hacía falta una cura de sueño. Qué bien me ha sentado.
Al ninja no lo veo por ninguna parte pero sé que está aquí porque se ha comido la mitad de la caja de galletas de chocolate que guardo para los fines de semana. Qué morro! Qué voy a desayunar ahora? Pero ese no es el peor de mis problemas. Porque, por si no tuviera bastante con el ninja, en mitad del salón ha aparecido un dragón… un dragón de verdad! Es un dragón bebé y es una ricura. De tamaño de un perro grande, gesto amable y con los ojos negros, está cubierto de escamas rojas y dependiendo de la luz le salen reflejos metálicos. Su cola es larga y termina en forma de punta de flecha.
Se mueve torpemente y le gusta mucho cuando le rascas la barriga. Se ríe con una risa aguda y se tumba boca arriba como un perrito juguetón mientras mueve sus patitas y su cola. Pero lo más gracioso es cuando hace intención de escupir fuego y no le sale más que una chispa y un poco de humo. Supongo que es muy joven todavía, ya aprenderá. Pero es así como le llamaré. Chispita.
El ninja sigue escondido, pero a mí ya no me hace ningún caso. Ahora vigila al dragón, ya le ha tirado unas cuantas shuriken que rebotan en las escamas de su piel.
Chispita ahora parece nerviosa y olisquea el aire como si estuviera buscando algo. Por si acaso tiene hambre cierro la puerta de la cocina antes de que me haga un destrozo buscando comida.
Después de todo me da pena, pobrecita, le comprendo perfectamente porque yo también tengo hambre –no le perdono al ninja que se haya comido mis galletas de chocolate– así que decido bajar a la tienda de la esquina a por comida. Como no creo que vendan gallegas de lava, cristales mágicos, raíces místicas ni insectos gigantes, compro pollo y conejo troceado que haré a la plancha, porque los dientes del dragón son muy pequeños.
Cuando abro la puerta de mi casa, el ninja y el dragón están jugando, el ninja intenta alcanzar a Chispita con su katana de plástico, pero ésta esquiva sus embites con una rapidez sorprendente… hasta que un golpe de su cola derriba al ninja y ambos estallan en carcajadas.
Cocino el pollo y el conejo, y Chispita, hambrienta, devora el plato; no deja ni las migas. Al ninja le hago unos macarrones con tomate, eso nunca falla. Yo me hago un brócoli y un salmoncito a la plancha.
Y para merendar, macedonia de frutas para todos!
Como en mi laboratorio no experimentamos con animales –ni tampoco con criaturas místicas–, me abstengo de tomar muestras del dragón… por suerte se le ha caído una escama que recojo para analizarla.
Y así terminamos el día, el ninja, Chispita y yo. Jugando, riendo y sin preocupaciones, como una pequeña familia bien avenida.
DOMINGO.
EL PEQUEÑO UNICORNIO
El sol entrando por mi ventana me despierta. Veo que del pasillo vienen unos reflejos de color super bonitos. Me levanto intrigada. En seguida me vienen a la cabeza el ninja y Chispita… algo estarán tramando, seguro.
En el salón hay un arco iris enorme que sale de ninguna parte. Muy bonito. El ninja y Chispita están boquiabiertos, pero yo, después de todo lo ocurrido estos días ya me espero cualquier cosa…
Y de repente, aparece de la nada un unicornio encima del final del arco iris. Entre el sofá y la mesa, como si fuese la cosa más normal del mundo!
El unicornio es precioso y de un blanco inmaculado. Es algo más pequeño que un poni, y su crin y su cola tienen todos los colores del arco iris. Sus cascos son nacarados y su cuerno… dejadme que os lo describa: nace en el centro de su frente y mide como 25 centímetros. Es recto pero con forma de espiral cónica, pulido y muy suave al tacto. Está tallado con una perfección que parece obra de la magia y tiene un color blanco nacarado que cuando el sol lo ilumina destella con reflejos rosados, como si contuviera la aurora misma en su interior. No recuerdo donde leí que también brillan a la luz de la luna, que son capaces de curar heridas, purificar el agua y revelar la verdad de los corazones a los que apunta.
Nos acercamos los 3, a tan majestuosa aparición. Yo soy la primera en acariciarlo. Su piel suave transmite una energía cálida y vibrante…
Cuando el ninja pasa por delante de su cuerno se quita la máscara. Resulta ser una niña de rasgos orientales, con el pelo muy corto y ojos grandes. Chispita olisquea al unicornio y después se tumba a su lado. Decido, en ese momento, que el unicornio se llamará Algodón. Justo cuando voy a preguntarle a la niña ninja su nombre, Algodón empieza a inquietarse. Su cuerno, además, pierde todo el brillo y el arco iris del que salió desaparece.
Se oye un ruido sordo muy extraño, en la entrada de mi casa. El ambiente se oscurece y de repente la temperatura parece bajar varios grados.
Chispita se pone en pie de un salto y la niña ninja saca su katana de plástico. Ambos se ponen delante de Algodón que parece muy asustado.
Les digo que se calmen y voy hacia la entrada. La ninja viene conmigo a pesar de que le ordeno que proteja a sus amigos pero no me hace caso y me dice que su nombre es Takeshi cuya traducción es “guerrera”.
Lo que veo en la entrada de mi casa me aterra. Una sombra encapuchada sin forma flota sobre el suelo y viene hacia nosotros despacio. A su alrededor las formas se desdibujan y su aura negra parece hacerse cada vez más grande, mientras sus ojos, que son dos pequeñas luces amarillas, no dejan de mirarnos. Retrocedemos sin perder a la sombra de vista mientras mantengo a Takeshi tras de mí. Me dice que la aparición es Kuragari, un hechicero que quiere capturar al unicornio porque su cuerno abre la puerta del reino eterno… como trama para una película mitológica está muy bien, pero estamos en pleno siglo XXI, así que sin dejar de retroceder cojo mi móvil y marco el número de la policía… pero antes de que suene el primer tono, el teléfono se convierte en un humo negro muy frío que me deja la mano helada. Salimos corriendo al salón… y en un instante Kuragari se materializa allí mismo, delante de nuestros ojos y empieza a lanzar contra el unicornio bolas de humo negro que Chispita detiene con su propio cuerpo. A los pocos segundos, cae exhausta. Yo voy corriendo al comedor donde guardo mi bate de béisbol y cuando vuelvo al salón Takeshi está en el suelo junto a su katana de plástico rota y decenas de shurikens esparcidas por todas partes. Con todas mis fuerzas golpeo a Kuragari pero mi bate de béisbol le atraviesa y solo consigo arrancarle una voluta de humo que dibuja una espiral y vuelve a su cuerpo. Me lanza una bola oscura que me alcanza de lleno y hace que caiga de rodillas. Trato de levantarme de nuevo pero no puedo; me falta el aire y no soy capaz de moverme ni un milímetro. Me ahogo… creo que voy a desmayarme… Lo último que me da tiempo a ver, justo antes de perder el conocimiento es a Kuragari moverse hacia Algodón que, aterrado en un rincón del salón, se da cuenta de que no tiene ninguna escapatoria.
LUNES.
UN LIBRO BAJO LA ALMOHADA
—Despierta princesa, levántate ya que vamos a llegar tarde al colegio!
—Déjame un ratito más mamá, mis amigos están en peligro! Kuragari va a atrapar a Algodón!
—Pero si sabes de sobra que no, te has leído el libro cien veces! Acuérdate de que el cuerno del unicornio es mágico y cuando Kuragari se pone enfrente de él, la verdad asoma a su corazón y recuerda que en realidad es un mago consumido por el dolor y los malos recuerdos. Su luz interior se enciende y su forma sombría se desvanece. Acuérdate, princesa, de que termina sus días instruyendo a sus amigos y cuidando de su reino con sabiduría y justicia.
—Es verdad, es que me dormí en la parte más emocionante!
—Y ahora levántate ya princesa, si quieres tener tu propio laboratorio tienes que estudiar mucho. Vamos a desayunar y después al colegio, que no podemos llegar tarde!
—Vale mamá, pero nos llevamos el cuento que lo terminaré de leer camino del colegio. Me pondrás galletas de chocolate para desayunar?
—No cielo, hoy es lunes. Hoy toca cereales y fruta.
—Bueno. Vale…
Y mientras le preparo el desayuno a mi hija, un shuriken de juguete, de plástico brillante, me alcanza de lleno en la espalda…
FIN
— Para Jaime —
Que ves el mundo con una mirada única y mágica.
Este cuento de aventuras es como tú: valiente como un ninja, fuerte como un dragón, brillante como un unicornio…
…y siempre, capaz de vencer a cualquier sombra.