A menudo me pierdo en un mundo
donde no hay suelo ni techo,
solo rejas, recuerdos
y una pared cubierta de ojos.
Cuando río
parpadean rápido,
parecen culpables.
Cuando estoy triste,
se desvían en silencio
para evitarme.
Pero basta con pensarte,
para que rompan en un llanto
que no sé detener.
Y despierto empapado,
en lágrimas que no son mías.