El pequeño guardián

Yo solo busco la luz que guiaba nuestros pasos. Por eso, puntual a mi cita, abandono mi madriguera y dejo atrás a mi fiel manada. Ya sé que solo soy un pequeño lobezno, pero durante estas últimas noches, cuando el día calla y contiene la respiración, he sido capaz de despistar a mi mamá, esquivar los cepos, verjas y balas que los hombres siembran en el bosque, ir más lejos que sus huellas y trepar hasta el punto más alto de la montaña, allí donde el viento se hace voz. Entonces, aúllo con toda mi alma mientras miro con tristeza el enorme hueco que ha dejado mi querida luna. Ojalá que pronto vuelva a iluminarnos.

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