La paz crece despacio

—¿Qué haces con el sombrero del abuelo?
—No es un sombrero, abuela. Es un casco de la Segunda Guerra Mundial, y sabes muy bien que le obligaron a llevarlo —contesté mientras salía al jardín con él en la mano.

Lo llené de tierra húmeda y, con sumo cuidado, enterré un esqueje de olivo bien adentro mientras recordaba lo que solía decir mi abuelo:

—Cultiva la paz y déjala crecer despacio.

Hoy, sentado con mis nietos a la sombra del olivo, respiramos la paz que él buscó toda su vida.

A veces, una ráfaga de viento mueve las ramas y por un instante, la sombra del árbol adopta la forma de sus hombros encorvados.

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