Sabía que hay recuerdos
con las piernas cortas
y los brazos largos.
Pero no imaginé
que morderían
al doblar aquella esquina.
Con la tinta de un domingo
te dibujo en un lienzo
y me escribo en un cartón.
Clavado a la pared,
le canto a tu silueta.
Abro comillas,
cierro los ojos.
Subo el tono,
bajo la mirada.
Y el sombrero acaba
lleno de monedas.