Artículos imaginarios

UNA MEDUSA EN MI CABEZA

Nunca creí en los horóscopos y no sé si a estas alturas todavía ocupan sitio en las últimas páginas de los periódicos o revistas…
No es ese el debate, pues esta es sólo la introducción para decir que soy un signo de agua (Piscis), pero que a mí lo que me gustaría en realidad sería volar. Soñar, se me ocurre, es también una manera de volar, aunque un poco “light”, dicho sea de paso.
Metáforas y dualidades aparte (volar y soñar) tengo que admitir que en eso mi horóscopo sí que me define, porque al parecer los Piscis, por aquellas casualidades zodiacales, somos soñadores por naturaleza. Pero no es volar ni soñar lo que me ha traído a escribir estas líneas; lo que ocurre es que sin saber por qué me acordé de un grupo zaragozano (por desgracia disuelto hace ya muchos años) que se hacían llamar “Los Especialistas” y en mi opinión, eran talento en estado puro; un placer escucharles. Uno los últimos CDs de este grupo me lo regaló mi hermano y tenía por nombre “Un pez en mi maleta”… y pensando en tan original frase, he llegado al título de esta nuevo artículo del blog.
Porque, de la misma manera en que Los Especialistas presumían de tener un pez en su maleta (no especificaron nunca si era una sardinilla de unos pocos gramos o un siluro de 150 kilos), yo presumo de tener una medusa en mi cabeza. Es cierto que hace años era un bonito acuario tropical de aguas cálidas, lleno de pececillos de colores vivos y plantas de largas hojas que se movían mecidas por la suave corriente. Pero ahora, por esas rarezas que tiene la vida, los pececillos de colores dieron paso a una gran medusa solitaria de color azul luminoso. Posiblemente se comiera a todos los pececillos, incluidas las plantas de hojas largas. O quizá no, puede que tan sólo los sustituyera. Da igual. Ahora es ella la que flota en mi cabeza, sin pasado ni memoria, en completa y serena deriva.
No sé si siente o si padece, si sueña o si duerme, pero es hipnótico verla moverse despacio, con esos tentáculos que parecen abarcarlo todo mientras dibujan extrañas formas; enredándose, deshaciéndose, en conexión con sus pensamientos azulados que son los míos.
Ya no trato de comprenderla ni de comunicarme con ella, yo sólo la observo, a veces dominante, a veces sometida, pero siempre bella. Ajena. Inmune. Ausente… Con ese azul, inevitablemente mío, del que siempre seremos dueños.

No puedo terminar esta entrada sin dejar de mencionar a mi cuñada Mónica:
Ella también es Piscis, y en su brazo derecho tiene un precioso acuario tatuado, desde el hombro hasta la muñeca.
No sabría precisar lo que mi cuñada tendrá en la cabeza (puede ser un calamar, un pulpo, un delfín, un gato, un zorro, o todo ello a la vez) pero en el acuario de su brazo, sí que tiene una bonita y gran medusa, flotando, en perfecta calma y armonía junto a muchos otros elementos marinos.
Aún no lo había hecho, pero hoy le doy las gracias y le dedico esta entrada.

A veces, la serenidad azul de nuestras medusas logra comunicarse sin necesidad de hablar.

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