A veces mis demonios y mis fantasmas se enfrentan.
Los demonios sonríen perversos, enseñan los colmillos y sus ojos amarillos se encienden.
Los fantasmas enseñan sus garras afiladas y se vuelven negros como la noche más tenebrosa.
Pero entonces, el hada malvada que vive bajo mi cama se materializa, despliega sus poderosas alas y suelta una carcajada aterradora…
Todos, fantasmas y demonios, huyen despavoridos.
Y como ya no queda nadie, mi hada malvada –sin dejar de reír,
sin cerrar sus enormes alas–,
se ensaña conmigo.