El bastón de Gala para sentir el mundo.
La calavera de Shakespeare para soñar con tragedias.
La bufanda de Kafka para envolver la noche.
La llave de Woolf para abrir el silencio.
O, por supuesto,
la pluma de Bécquer
bañada en tinta,
llanto y desamor.
En cambio…
Soy un libro a medio leer.
Detenido en un signo
de interrogación.
La página abierta
espera
quieta
los dedos que vuelvan.