—Nota del autor—
Estos tres poemas nacen de un mismo gesto: detenerse en el instante previo.
No en el final, ni en la consecuencia, sino en la línea que lo anuncia.
Los cables —rojo, azul, negro— son en este caso umbrales; cuando el mundo se reduce a un hilo que todavía sostiene algo.
Lo que ocurre antes del corte a veces es más importante que el corte mismo.
Es ahí donde vamos a mirar.
CABLE ROJO
No me leas tan de cerca,
déjale sitio al aire.
Un brindis no era necesario
ni suficiente.
Aun así,
dijimos “salud” los dos.
Y aquí estamos,
frente al cable rojo.
Como si el silencio
pudiera decidir por nosotros.
CABLE AZUL
La historia estaba narrada,
solo quedaba pedir silencio
y volver a escuchar.
Tu pañuelo era de colores.
Yo prometí ser viento
y apenas fui capaz
de remover las hojas.
Cuando ya no quedó nada,
solo crujidos,
vi el cable azul
asomando
entre el frío.
CABLE NEGRO
A veces regresaba
buscando consuelo.
Pero una canción triste
sonó, cuando todas las voces
se apagaron una a una.
Hubo un hueco
donde antes cabía el mundo.
Allí encontré el cable negro.