Nada se movía.
Ni siquiera la lluvia.
Ni tampoco el aire
cuando lo cruzaba
tu mirar.
Hasta que vi una
bandada de cuervos.
Eran los cuervos más negros
de todo el cielo.
Todo siguió parado.
Pero los cuervos sabían
algo que la lluvia no.
El cielo se volvió
un poco más negro.
Desde entonces,
yo también
guardo el secreto.
Hasta que vuelva
tu mirar.