Artículos imaginarios

Y LA VIDA SIGUIÓ

“Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”, decía mi admirado Bunbury.

La vida sigue, sin que te des cuenta. Me pregunto si la vida que pasa –con sentido o sin él– también lo hace para los personajes de las películas.
Y yo me pregunto, después de que haya pasado un buen tramo de vida, qué habrá sido de, por ejemplo, Vivian y Edward. Al terminar la película “Pretty Woman” estaban juntos y enamorados. ¿Seguirán juntos? ¿Se casaron? ¿Hicieron separación de bienes?
¿Y Forrest Gump? Ahora tendrá 82 años. ¿Cómo estarán siendo sus últimos años? ¿Habrá sido feliz? ¿A qué se estará dedicando su hijo?
¿Y los protagonistas de Crepúsculo? ¿Seguirán siendo tan empalagosos Bella y Edward Cullen?

Quién sabe.

Tal vez la pregunta no sea qué fue de ellos. Tal vez la pregunta sea por qué estoy escribiendo sobre ello. Las películas terminan donde los guionistas deciden cortar la historia, pero nosotros no vivimos así. Nuestra vida no se resuelve en una escena final, ni en un beso bajo la lluvia, ni en un fundido a negro. Después del “fueron felices y comieron perdices” llegan las facturas, las discusiones, las enfermedades, los cambios de opinión y los martes cualquiera. Quizá por eso me gusta imaginar qué ocurrió después con los personajes. Porque es una manera de recordar que la verdadera historia siempre empieza cuando se apagan los focos.
A partir de ese punto, cuando los guionistas ya no mandan en la historia, cada personaje seguro que hace lo que puede con lo que le quedó. Dentro de un cine para el que no tenemos entradas y donde nuestros ojos nunca podrán mirar.

Porque la vida sigue también para ellos, aunque nadie lo filme. Forrest habrá aprendido a usar el móvil, Bella y el vampiro Cullen discutirán por cosas domésticas, y Vivian quizá ya no necesite que nadie la rescate. Edward, quién sabe, igual descubrió que el amor no era tan sencillo como subir por una escalera de incendios.

Y mientras imagino todo eso, me doy cuenta de que esta pregunta no es sobre ellos, sino sobre nosotros. Sobre cómo seguimos, cómo envejecemos sin darnos cuenta, cómo un día miramos atrás y nos preguntamos qué habrá sido de quienes fuimos.

Tal vez la vida sea eso: historias que continúan aunque nadie las esté mirando.

Quién sabe.