Guardo en los bolsillos
un ruido tuyo,
para cuando el día
se me vuelva extraño.
Guardo el espejo
que se encendió contigo,
para ver tu silueta
moviéndose aún.
Guardo en un cajón
que casi no abro,
lo poco que me queda,
por si decides buscarlo.
Y en la calle vacía
guardo un hueco,
para poder pasear
como dos desconocidos.