Desde aquí arriba, encaramado a esta rama falsa, todo parece una broma pesada.
Porque, aún más que la libertad, lo que verdaderamente echo de menos es el jamón, la tortilla de patatas, el chocolate y las fresas con nata.
Llevo ya dos semanas comiendo hojas, tallos y raíces. Maldita la hora en que se me ocurrió hacer tratos con el gorila. —Toma este disfraz y ocupa mi lugar, yo tengo que hacer unas gestiones en el banco y vuelvo enseguida—me propuso. Me dio pena y acepté. Pensé que tendría que firmar una hipoteca o un plan de pensiones. ¿Por qué no?
Pero aquí sigo disimulando, trepando árboles, caminando sobre los nudillos y golpeándome el pecho.
Mi cuidadora está preocupada. Ayer me vio escribir una carta al director del zoo pidiéndole un menú más variado. ¡Aunque solo fuera los domingos!