Las 5 vidas de Kevin

Para salir de su celda-caparazón, Kevin se hizo miniatura. Un poco más, si cabe.
“Voy a comerme el mundo y la noche se me quedará pequeña” se repetía una y otra vez. Pero la noche –todas las noches en realidad– era de rebajas, sin I.V.A y con complejos. Mil o incluso más.
Sólo había una forma de hacerse grande. De subir, de saltar, de hacerse par, de que sonara un rock en su medida de vals.
No era difícil. Sus “amigos” y él lo habían hecho su identidad, como un grito de guerra:
“Algo de Coca, algo de Cola.
Después de la Cola, quedarse K.O.”

1

Sus “amigos” lo encontraron tirado. Se había meado encima después de meterse una raya demasiado larga. Dos de ellos lo dejaron recostado en la parada del autobús. Ya no cambió la postura. Mientras la ciudad amanecía, Kevin dejó de respirar.

2

Despeinado, cansado, sudado y soñoliento, logró poner en marcha el coche de su madre, no sin esfuerzo. El agujero del contacto se movía continuamente esquivando la llave una y otra vez. Pero al final lo consiguió.
Se quedó dormido mientras conducía. Se saltó un semáforo y un camión de reparto que llevaba mucha prisa lo embistió. Mientras la conductora del camión sufría un ataque de pánico, Kevin dejó de respirar.

3

En un sucio WC de un sucio garito, con los calzoncillos por los tobillos después de haber echado una larga meada, se durmió con la cabeza echada hacia atrás. Sufrió un coma etílico poco después. Atragantado por su propio vómito, Kevin dejó de respirar.

4

“Hoy es el día, tío, hoy es el día”.
“Esta es la nuestra, colega, jamás volverán a meterse con nosotros”.
“Tómate una pirula más, co, que hoy no podemos fallar”.
“Se van a enterar esos gilipollas, de nosotros no se ríe nadie”.
Lo repetían como un mantra.
Llevaban días planeando ese encuentro en un descampado lejano.
En plena madrugada, dos grupos de idiotas estaban dispuestos a matarse dominados por la testosterona y la chulería.
A los pocos segundos de empezar la pelea, un botellazo en la nuca le fracturó el hueso occipital. Kevin cayó al suelo fulminado. A los pocos segundos y sin que nadie se diera cuenta, dejó de respirar.

5

Kevin, triste y mareado siguió su hilo gris imaginario y volvió a su celda-caparazón.
Tuvo pesadillas y al despertar su resaca era espantosa.
Al poco rato sonó su teléfono móvil, y al otro lado había una chica con voz dulce que decía llamarse Sally. Kevin no recordaba nada, pero ella dijo que se conocieron anoche, y ante su insistencia y por no parecer descortés finalmente accedió a quedar.
Fueron al cine y luego a cenar una hamburguesa. Después pasearon y bailaron en cualquier esquina a ritmo de “Despacito”.
Acabaron besándose apasionados, después de contemplar el amanecer.

Sus “amigos” no volvieron a saber de él.
En alguna ocasión lo recordaron y hablaron de él.
“¿Qué habrá sido de Kevin?”
“Conoció a una pava y creo que está saliendo con ella”.
“Menudo bragazas. Él se lo pierde”.
“Oye, ¿tú crees que desde este balcón llegaremos de un salto a la piscina?”
“Pues claro. Anda, sujétame el cubata”.

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