Artículos imaginarios

LA CHICA DE LA DERECHA EN LA FILA ANTERIOR

Hoy he dormido y soñado profundamente.
Todavía recuerdo el último sueño, algo perturbador. He despertado con una sensación de culpa terrible. En el sueño hice algo malo, pero no se me aplicó castigo ninguno. Todo siguió como si nada, pero el mal estaba ya hecho.
Quizá fuera eso lo perturbador, no recibir condena. A no ser que la penitencia viniera lenta, por la espalda, y a posteriori me alcanzase.
¿Vosotros creéis que los sueños tienen significado? Yo no estoy seguro. Pero creo que no. A día de hoy, siguen siendo un misterio, me parece que aún no se sabe por qué se sueña. No sé dónde dijeron que era un mecanismo de la mente para defenderse, para superar traumas, para avanzar, para mejorar.
Bueno. Tiene sentido. De ser así, tengo mucho que soñar todavía, para que la balanza del todo descompensada empiece a equilibrarse. Y ya no sé si me dará tiempo. Porque esto corre, y muy rápido.
Escribo este texto en el bus que me lleva al trabajo (pues trabajo a 45 kilómetros de mi ciudad). Y lo estoy escribiendo con la izquierda, por mi codo de tenista (gajes del oficio y de ganarse la vida ordenando moldes de hierro que pesan un huevo). Es raro escribir con la izquierda, pero al final le pillas la marcha. Os confieso sentir admiración por los zurdos y no os puedo decir por qué. Reconozco que por mi TOC, tengo cierta obsesión por las simetrías.
Pienso que yo debería ser zurdo y no diestro. Sería una forma de mostrar mi disconformidad con la realidad en la que vivo. Hacer las cosas desde la opción simétrica por no encontrar mi lugar en este mundo tan raro.
Definitivamente, llego a la conclusión de que soy un zurdo diestro.
De igual forma que soy un europeo japonés; eso lo he pensado también muchas veces, que si pudiera extraerse la conciencia de mi cuerpo y meterla en un cuerpo japonés no desentonaría en absoluto allí en Japón. En Tokio o Kioto, por ejemplo.
Qué cosas. Casi medio siglo para darme cuenta de mi condición de zurdo diestro y de europeo japonés. Y además, estoy convencido de que no conocéis a ningún zurdo diestro ni a ningún europeo japonés. No sé si sois afortunados por ello o todo lo contrario. Pensadlo. Y me decís.
Mientras, ya he llegado a mi lugar de trabajo.
Y ahora mismo –justo antes de que empiece mi jornada laboral– estaba pensando que hace un rato en el bus, la chica que tenía a la derecha en la fila anterior a la mía no dejaba de mirarme. Y no es la primera vez que lo hace, además. Yo siempre hago como que no me doy cuenta pero me incomoda un poco, la verdad.
Yo creo que sabe que soy un zurdo diestro europeo japonés. Y le extraña, lógicamente. Porque no es normal.
Quizá esté llamando a la policía ahora mismo y en un rato se presenten aquí 2 agentes y acabe en comisaría. Por impostor. Por farsante.
Claro, ahí estaría mi castigo. El del sueño; la penitencia que vendrá por la espalda.
Ahora lo entiendo todo.
Me sentaré a esperar a que vengan a por mí. Y que lo hagan cuanto antes… que no me apetece nada ponerme a trabajar.

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