Me concedieron un deseo, sólo uno.
Elegí lluvia, como podría haber elegido sol, cielo, nebulosa o big bang.
Mi deseo me fue concedido, y nunca supe –ni sabré– quién me lo propuso y me lo otorgó, pero pienso, empapado, que podría haber sido mucho peor.
A veces me deslizo como una corriente por la inclinación de las aceras y otras veces permanezco estático, como un charco en el que puedes reflejarte si así lo quieres.
Pero, mi consejo, si a ti también te dieran a elegir… no elijas lluvia. Elige sol, o niño, o tigre, o tierra.
Déjame a mí las gotas grises y frías porque ya las hice mías. No te diluyas ni te vuelvas transparente, y no te deslices que eso es cosa mía. Corre, elévate, empodérate y vuela… que yo me quedo a ras de suelo, ajeno y a salvo de tu fuerza, siguiendo mi pendiente camino del mar.
Yo si pudiera elegir, sería árbol, daría sombra a los agotados caminantes y refugiaría a los mismos de tu agua.
Bellos tus versos!
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