Comenzó a morderme como si me reconociera. No la detuve.
Sabía que ella había crecido entre espinas en lugar de rosas y que por eso no confiaba en las caricias.
Una mezcla de saliva y sangre cayó a la tierra y el azar quiso que dibujara una flor, esa que nunca tuvo.
Yo quería que comprendiera que el amor no es dolor, a pesar de que pensara lo contrario.
Cuando su llanto bañó la flor, continuó con lo que estaba haciendo.
Ella sabía que no iba a defenderme. Ni a irme de su lado.
Soy un cactus.
Estoy hecho para esto.