Artículos imaginarios

Hoy inauguramos una nueva sección en el blog.
“Artículos imaginarios”.
En esta sección incorporaré los artículos (imaginarios) que una revista literaria (imaginaria) o en su defecto, un complemento semanal que un periódico cualquiera (imaginario también) tendrá a bien publicarme. Y será la única firma de la imaginaria revista, del imaginario complemento. Qué responsabilidad, por favor; todo dependerá de mí. De mi maestría, de mi torpeza y no de la suerte que nunca estuvo echada.
Será divertido. Porque todo estará en mi cabeza, y a partir de hoy, también en las vuestras. Si me lo permitís.
Permitidme también que os tutee. Que no haya distancia ni respeto, en ningún sentido; con total confianza.
Y empiezo hoy. Ya.
A bocajarro, sin presentarme.
Los que me conocen, ya saben quién en soy, cómo soy.
Los que no me conocen, ya se enterarán poco a poco. De momento, no necesitáis más. Esto es lo que hay:
Unas frases que relatarán una historia corriente. Mi historia. Ni vulgar, ni normal, ni especial, ni extraordinaria. Las palabras de uno que sueña y que despierta cada pocos minutos, arrojado al presente, a la vida, un poco de cualquier manera.

Sombras

Las del suelo y la de las paredes.
Algunas se mueven al son de los cuerpos a los que pertenecen. Otras estáticas, cuelgan de los objetos inanimados.
Me pregunto cuál de las dualidades es la verdadera. ¿Y si los cuerpos en realidad dependen del movimiento de las sombras? ¿Acaso son ellas las que en realidad viven y nosotros no podemos más que seguir sus pasos inevitables? ¿Somos la proyección viva de algo plano y oscuro, que se mueve y piensa un instante antes de que lo hagamos nosotros?
No hables conmigo. No pienses en mí. Hazlo con mi sombra, en mi sombra. Ella es la que vive, la que piensa, la que observa.
Yo, tan sólo estoy a su merced.

 

La mitad oscura (del cuarto creciente)

No es que la luna mengüe para hacer una cuna. Es que cada noche sale a bailar y en su danza, su falda se eleva o reposa.
Curiosa, observa paciente y luego, enfadada nos vuelve la cara.
Y se ríe, plateada, luminosa.
Y llora, derrotada, sobre las mareas.
Aburrida de mirarnos y cansada de llorar, un día se marchó. Buscó otro planeta, otra estrella con la que seguir bailando, girando, riendo, gritando, llorando…
Los más viejos todavía recuerdan el grácil vuelo de su falda, elevándose o reposando, que marcaba el inicio y el final de todas las noches.

Mi incertidumbre

Miénteme cuando me hables y mírame cuando me olvides; si entre la multitud me siento solo y al mejor postor, tendré que decidir cuando la moneda todavía da vueltas en el aire.
Sólo hay que mirar al suelo y agachar la cabeza mientras cae la tormenta.
Todo lo que venga después lo podrás recordar u olvidar… aunque alguien nos mienta.

Las 5 vidas de Kevin

Para salir de su celda-caparazón, Kevin se hizo miniatura. Un poco más, si cabe.
“Voy a comerme el mundo y la noche se me quedará pequeña” se repetía una y otra vez. Pero la noche –todas las noches en realidad– era de rebajas, sin I.V.A y con complejos. Mil o incluso más.
Sólo había una forma de hacerse grande. De subir, de saltar, de hacerse par, de que sonara un rock en su medida de vals.
No era difícil. Sus “amigos” y él lo habían hecho su identidad, como un grito de guerra:
“Algo de Coca, algo de Cola.
Después de la Cola, quedarse K.O.”

1

Sus “amigos” lo encontraron tirado. Se había meado encima después de meterse una raya demasiado larga. Dos de ellos lo dejaron recostado en la parada del autobús. Ya no cambió la postura. Mientras la ciudad amanecía, Kevin dejó de respirar.

2

Despeinado, cansado, sudado y soñoliento, logró poner en marcha el coche de su madre, no sin esfuerzo. El agujero del contacto se movía continuamente esquivando la llave una y otra vez. Pero al final lo consiguió.
Se quedó dormido mientras conducía. Se saltó un semáforo y un camión de reparto que llevaba mucha prisa lo embistió. Mientras la conductora del camión sufría un ataque de pánico, Kevin dejó de respirar.

3

En un sucio WC de un sucio garito, con los calzoncillos por los tobillos después de haber echado una larga meada, se durmió con la cabeza echada hacia atrás. Sufrió un coma etílico poco después. Atragantado por su propio vómito, Kevin dejó de respirar.

4

“Hoy es el día, tío, hoy es el día”.
“Esta es la nuestra, colega, jamás volverán a meterse con nosotros”.
“Tómate una pirula más, co, que hoy no podemos fallar”.
“Se van a enterar esos gilipollas, de nosotros no se ríe nadie”.
Lo repetían como un mantra.
Llevaban días planeando ese encuentro en un descampado lejano.
En plena madrugada, dos grupos de idiotas estaban dispuestos a matarse dominados por la testosterona y la chulería.
A los pocos segundos de empezar la pelea, un botellazo en la nuca le fracturó el hueso occipital. Kevin cayó al suelo fulminado. A los pocos segundos y sin que nadie se diera cuenta, dejó de respirar.

5

Kevin, triste y mareado siguió su hilo gris imaginario y volvió a su celda-caparazón.
Tuvo pesadillas y al despertar su resaca era espantosa.
Al poco rato sonó su teléfono móvil, y al otro lado había una chica con voz dulce que decía llamarse Sally. Kevin no recordaba nada, pero ella dijo que se conocieron anoche, y ante su insistencia y por no parecer descortés finalmente accedió a quedar.
Fueron al cine y luego a cenar una hamburguesa. Después pasearon y bailaron en cualquier esquina a ritmo de “Despacito”.
Acabaron besándose apasionados, después de contemplar el amanecer.

Sus “amigos” no volvieron a saber de él.
En alguna ocasión lo recordaron y hablaron de él.
“¿Qué habrá sido de Kevin?”
“Conoció a una pava y creo que está saliendo con ella”.
“Menudo bragazas. Él se lo pierde”.
“Oye, ¿tú crees que desde este balcón llegaremos de un salto a la piscina?”
“Pues claro. Anda, sujétame el cubata”.

Obsesión

1

No tuve tiempo de ordenar mis pensamientos ni de sacarte de mi cabeza.
Y ahora, en forma de obsesión, apareces y te escondes, te pierdes y me encuentras, te burlas, me consuelas, me matas, me renaces, me olvidas, me recuerdas… siempre a tu antojo.
Mientras, cada día me odias un poco más y cada noche me amas un poco menos.

2

No quiero verte, ni abrazarte, ni besarte.
No quiero pasear contigo, ni coger tu mano, ni dormir a tu lado ni que amanezcas sobre mi pecho. No quiero tenerte ni amarte, soñarte o añorarte, no aspiro ni siquiera a follarte…
Tan sólo quiero ser tu malsana obsesión.

Corre Forrest

Corre Forrest.
Eso fue lo que me dijeron.
Y empecé a correr.
Y ahora no puedo parar.
Si lo hago yo también se parará el mundo.
Debo seguir corriendo.
No me queda otra opción.
Nadie puede alcanzarme.
Por mucho que quieran.
Yo soy más rápido.
Aunque me canse.
Aunque me desmaye.
Aunque me rompa.
Aunque me muera.
Corre. Corre. Corre.
Más. Mucho más. Muchísimo más.
Hasta que todo acabe.
Si me cruzo contigo no me interrumpas.
No me interesa lo que tienes que decirme.
Apártate y deja que siga corriendo.
Pues si paro yo se parará también el mundo.
Corre. Corre. Corre.

Qué hambre tengo. Voy a parar un ratito, a ver qué encuentro por ahí.

Y el hámster al que habían apodado como Forrest, se bajó de su rueda y se fue tranquilo hacia su plato de comida.
Cuando hubo acabado de comer, se tumbó y cerró los ojitos.

Nadie sabe cómo ocurrió pero…
El mundo dejó de girar.
Allí donde era de día se quedó de día y al otro lado del mundo se quedó estática la noche. Sin la fuerza centrífuga del giro, hubo un gran movimiento de la masa de agua del planeta. En pocos minutos miles de millones de personas morían ahogadas por el desplazamiento de los océanos. El resto, sucumbió a los pocos días.
La rueda sobre la que corrió Forrest no tuvo nada que ver. Fue una maldita casualidad.
El cambio climático alteró todos los patrones y el delicado equilibrio que hacía que La Tierra siguiera girando.
Hacía tiempo que la humanidad sabía que habían cruzado el punto sin retorno, lo que nunca imaginaron es que todo se precipitaría tan rápido.

Aún hoy, La Tierra sigue flotando inerte por el vacío cósmico, a la deriva, con todos los siglos de historia sepultada bajo las aguas frías o sobre la arena quemada por el sol.

LA –SUCIA– MANO MÁS LIMPIA DEL MUNDO

–Yo creo que exagerais.
–En absoluto, gordi. Tú no sabes lo que es esto.
–Pues a mí me gusta.
–Tú, el largo, eres un degenerado. Esto es realmente asqueroso.
–¿De qué estáis hablando?
–Tú cállate pequeño. Deja a los mayores que hablemos de nuestras cosas.
–Creo que quiere hacerlo otra vez, se está acariciando las tetas. Qué asco por favor. ¿Por qué no me utiliza para señalar o indicar, que para eso estoy…
–A ver si hay suerte y lo hace otra vez, que me estoy poniendo cachondo perdido.
–¿Dónde habrá aprendido esta chica semejantes guarradas? Iremos al infierno por su mala cabeza. Esto debe ser pecado mortal.
–Pues a veces se hurga la nariz conmigo. Como soy pequeño…
–Pues a mí me utiliza mucho para acariciar o dar masajes. Como soy fuerte…
–Pero esas cosas están bien, gordi. No pensarías lo mismo si te vieras dentro de su coño.
–Compañeros, sois unos meapilas. Con lo excitante que es…
–Esta mujer no es decente. Es una cochina. Lo que necesita es un hombre como Dios manda, que la lleve al altar y me ponga una alianza. Y que ella le haga la comida, la cena, y traiga muchos niños a este mundo. Lo normal.
–A mí me gustan mucho los niños pequeños. Pequeñitos como yo.
–A ver chicos… atención… creo que va a hacerlo otra vez. Que tengáis suerte. Ahí va. Coged aire.
–No por favor! Prefiero que me amputen.
–Oh sí! Méteme hasta lo más hondo! ¡Más! ¡Más!
–¡Puaj! ¡Voy a vomitar!
–Pues yo me aburro.
–¿Cómo lo lleváis chicos?
–Me muero.
–¡Me corro!
–Que se acabe pronto por favor.
–Jo! Yo también quiero jugar.
–Pues a mí me gusta cuando lo hace con otra chica. Es muy bonito y sensual. ¿No os parece?
–Sois todos unos pervertidos. Y esta mujer una desviada sin remedio.
–¡Qué a gusto me he quedado!
–Que se lave ya, por favor… por favor…
–¡Ay qué bien, otra vez la fiesta de la espuma! ¡Chupiiiiiii!

–Os habéis portado muy bien chicos. Ha sido un verdadero placer, como siempre. Tomad cremita hidratante y a dormir todos. Sois los mejores. Hasta la próxima mis queridos deditos.

MOMO

No sé cuánto tiempo llevo aquí encerrada. Pero estoy más que harta. Y cansada. Y también asustada, lo reconozco… ¿qué irá a hacerme esta chica?
Cómo añoro los viejos tiempos. Aquellos buenos tiempos en los que el miedo por sí sólo era capaz de hacer la rueda girar y el sistema funcionar.
Los adolescentes, con sus inseguridades pero con su vitalidad eran las víctimas perfectas para los retos absurdos que se extendían por los móviles y las redes sociales.
Normalmente, mi presencia no era necesaria. Sólo cuando un niño o adolescente se negaba a hacer alguna prueba era cuando tenía que materializarme delante de sus ojos. Tan sólo con verme, se lanzaban a realizar la siguiente prueba fuera cual fuera… incluso abrirse las venas con un cuchillo de cocina. Incluso apuñalar a alguien querido. Una vez, conseguí que un chico con problemas de autoestima se arrojara por la ventana. Todos me felicitaron por aquel logro. Joder, no me miréis así. Tuve que hacerlo, es mi trabajo y me pagan por ello.
El día es muy largo y da para pensar. Recuerdo que cuando me prepararon para esta ocupación solicité colmillos y garras, y también fuerza y rapidez. Pero no, sólo me dieron un aspecto perturbador. Sonrisa larga y afilada, ojos fuera de órbita y pelos de loca. Con eso es suficiente, me dijeron convencidos. Tampoco te hace falta hablar, ni gruñir ni nada. Se cagarán en cuanto te vean, nadie se atreverá a tocarte, te obedecerán sin más. Y así fue durante mucho tiempo, hasta que tuve la mala suerte de tener que visitarla. Era la víctima, había empezado un reto y no quiso hacer la siguiente prueba. Ve a por ella sin piedad, me dijeron. Total que fui, toda chula con mi aspecto aterrador… Pero llegó ella, más chula que yo, con sus directos, sus ganchos y su terrible golpe de derecha… en unos segundos me había molido a golpes, la puta boxeadora ésta que no tendrá ni pelos en el coño todavía. Perdí el conocimiento y cuando desperté estaba atada a una silla. Lo peor de todo es que sabe quien soy. Sabe que soy MOMO, el monstruo que sale de la tele, del móvil o del armario y te matará si no haces lo que te dice. Y sabe lo que he hecho, sabe que obligué a muchos adolescentes a hacer y hacerse mucho daño. Y se está vengando, la pequeña zorra. Me humilla haciéndose selfies conmigo para subirlos al Face y al Insta, me maquilla, me pinta los labios y los ojos… escuece un montón; no tengo párpados así que no puedo cerrarlos ni parpadear! Me pone reguetón o cualquier ritmo latino durante horas, mientras chatea por wassap como si le fuera la vida en ello o mientras entrena con su saco de boxeo y le pega con toda su alma.
Las noticias dicen que las lesiones por retos virales han disminuido casi un 80 por ciento. Y entonces me mira y se ríe, la hija de puta. A ver cuando se apiada y llama a la policía. Que me detengan y me encierren en una fría mazmorra.
Cualquier cosa, cualquier final será mucho mejor que esto. Ya no soporto mas regetón. Ni más selfies.
Socorro.

MOMO

El Reto de Momo (también conocido como «Juego de Momo» y en su forma inglesa Momo Challenge) es una farsa viral, una leyenda urbana acerca de un inexistente «reto» de redes sociales que se ha esparcido por Facebook y medios de comunicación.Se ha reportado que un usuario llamado Momo incita a niños y adolescentes a realizar una serie de tareas peligrosas, incluidos ataques violentos, daño autoinfligido y suicidio.

Mitades

La mitad de la noche la pasé durmiendo. La otra, es posible que soñando.
La mitad de los años que me quedan por vivir y la mitad de los vividos están separados tan sólo por un instante (éste). Y si los sumáramos, formarían la mitad de mi vida.
La mitad de mi corazón se quedó lejos de mí. La otra mitad, la llevo encima pero ahora mismo tiene los ojos cerrados y no quiere sentir. “Para qué”, repite sin cesar, si la mitad de la gente son desconocidos y la otra mitad no quiere escuchar.
No soy una mitad, ni tú tampoco. Pero antes de saberlo, aguardábamos ignorando la mitad de las cosas que nos iban a pasar. La otra mitad, ya había pasado igual que pasan las estaciones (inevitablemente).
La mitad de todo a veces es menos que la mitad de nada. Pero la mayoría de la gente no lo sabe todavía. Y no lo digo yo. Lo dice la mitad de mi verdad. La otra mitad, es posible que sea mentira. ¿Cómo saberlo? si pasamos la mitad de la vida con los ojos medio cerrados y el corazón partido por la mitad…
Están son las reflexiones de la mitad de mi alma. La otra mitad, que viene y que va, vaga como un fantasma al que le quitaron su mitad y la busca por la mitad del mundo y la mitad del cielo.

Mis flecos enredados

Recojo los flecos enredados de mi día en una madeja brillante del color del vino y de la sangre, vertida como la tinta torpe hacia palabras y frases que me consumen a la vez que te emocionan, que te divierten… o que te consuelan.
Son éstas las que sin un significado claro serán oscuras para que se distingan de las sonrisas falsas y las envidias que tienen que venir.
Tras de mí, los cielos abiertos cerrarán sus puertas… y sólo podréis imaginar lo que queda más arriba, allá donde a veces me paseo para huir.
Desde allí se divisa y se divide el mundo en fragmentos que uniré como las frases, mientras tenga algo que callar para poder escribirlo.
Mientras, a salvo de vuestras miradas y mucho más allá de las puertas cerradas del cielo abierto que miráis absortos, trato de encajar las piezas del mundo y de mi vida, para que en algún sueño sin sentido de una noche de Otoño pueda reunirme con vosotros, pero solo hasta que los flecos enredados de otro día me reclamen, tan brillantes como siempre, para ser enmadejados.

Un poco de ciencia. El punto azul pálido (Carl Sagan)

Un punto azul pálido es una fotografía de la Tierra tomada por la sonda espacial Voyager 1 desde una distancia de 6000 millones de kilómetros. La imagen muestra la Tierra como una mota o punto de luz casi imperceptible debido al fulgor del Sol. La foto fue tomada el 14 de febrero de 1990, y Carl Sagan tituló una de sus obras “Un punto azul pálido” inspirándose en esta fotografía.

Estas son sus reflexiones, sus pensamientos en el sentido más profundo de la fotografía:

«Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. Ahí ha vivido todo aquel de quien hayas oído hablar alguna vez, todos los seres humanos que han existido. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cada cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada niño esperanzado, cada madre y cada padre, cada inventor y explorador, cada maestro moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y cada pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina del punto sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina del punto. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una solitaria mancha en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.»

Carl Sagan.

Un poco de religión. El Dios de Spinoza

Cuando Einstein daba alguna conferencia en las numerosas universidades de USA, la pregunta que le hacían los estudiantes era:
-¿Cree Ud. en Dios?
Y él respondía:
Creo en el Dios de Spinoza.
Baruch de Spinoza fue un filósofo holandés considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés Descartes.
Este es el Dios o Naturaleza de Spinoza:

“Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.
¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa.
Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.
Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.
El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.
Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito…
¡No me encontrarás en ningún libro!
Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decirme a mí como hacer mi trabajo?
Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te crítico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.
Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice… yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias… de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad?
¿Qué clase de dios puede hacer eso?
Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti.
Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.
Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.
Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.
Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.
No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.
Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?… ¿Te divertiste? ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?…
Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.
Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy?
Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?… ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.
Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí.
Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.
¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?
No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro… ahí estoy, latiendo en ti”.
Spinoza.

El primer Sábado

Nuestra primera conversación fue tan absurda como una clase de inglés.
¿Recordáis las clases de inglés? Preguntas y respuestas corteses y perfectamente medidas en un contexto claro, con adecuada tensión y resolución plana. Dudas blancas y blandas de ascensor, hospital, hotel, restaurante y supermercado.
Nos dimos dos besos de manual. ¿O fue un apretón de manos? Tal vez fuesen las dos cosas. Pero tras esa frialdad impostada pude ver nuestra vida reflejada en tus ojos. El futuro (ese que parece que nunca llega) tomó forma en 15 segundos, un sábado cualquiera. Y quedó a nuestro alcance, para recorrerlo juntos. Un paso tras otro. Una curva tras otra. Un destino y el otro:
El tuyo y el mío.

Y aunque después vendrían unos días que serían como noches, al final el amor, además de ciego y un poco loco, también es sabio y siempre tiende al equilibrio, al igual que el universo regido por sus leyes.
Nunca creí en el destino ni en la eternidad, pero mientras ella y yo sigamos caminando, existirá un futuro que compartir juntos, múltiplo de un bonito –y lejano– sábado lleno de luz, en el que todo comenzó.

Para Bea.
Porque en la vida hay –sólo, siempre– un gran amor.