La vereda

Aún en el páramo pueden abrirse veredas, por las que entre ráfagas de viento discurra algo de poesía.
Aunque sea la última…
Parecerá que ya no hay nada, pero quedarán las ganas de todo, lo dejado de sentir, lo faltado por hablar.
Aunque sea lo único…
Donde los sonidos son lentos y al tiempo le falta un rato para llegar, donde tú y yo quedamos abrazados y enredado, tu pelo en mis promesas.
Aunque sean las de siempre…

12 meses. Diciembre

LA HUIDA

Esto no es “…y se marchó y a su barco le llamó libertad y en el cielo dibujó gaviotas…”
Cuando el valor se marcha, no queda ni siquiera el atrevimiento de poner nombres estúpidos a barcos que se adentran en el mar para no volver.
Los días contados de Diciembre huyen. Ya no importa el tiempo que llevamos sino el tiempo que queda para que todos los relojes se paren a la vez. Pero hasta que suceda, Diciembre huye sin mirar atrás… Mientras lo hace, yo me quedo con los puños levantados y cara de idiota. Vacío, engañado, no hay guerrero más vencido que aquel que no tiene adversario.

12 meses. Noviembre

EL FINAL

No todas las cosas empiezan en Enero ni terminan en Diciembre.
Noviembre llegó puntual pero lo hizo con los ojos en blanco… y no era un blanco de nieve.
No hablaré de las hojas del Otoño –que ya ni siquiera buscaré– tampoco del frío o de la lluvia; el final llegará como una amenaza a destiempo. Nadie lo creerá pero todos tendremos que asumir sus consecuencias porque no quedará otra opción.
En la nueva verdad, la genialidad reverenciará a la desolación y no tendrán tiempo de mirarse a los ojos –esos ojos en blanco que no eran de nieve–.
No llegaré. No llegaremos. Todo terminará en Noviembre, antes de que el frío regrese. Cuando no toca, cuando aún queda por caer, por sufrir, por morir.
No hace falta que lloréis, no nos dará tiempo. Yo no lo haré porque también soy nada. Ya, ahora. También. Además.
La tardía profecía del Otoño que nadie creyó. Por la que todo se arrastra, rodando hacia su fin, antes de que el Invierno llegue, con los ojos en blanco, esos ojos extraños que no eran de nieve.

La katana

De labios finos y ojos rasgados…
Su beso cortaría el aire y tu alma, si la pones a su alcance.
Te araña con cuidado y con cariño, a la vez que te desangras y te enamoras.
Por ella. De ella.
Sueño con tenerla en mis manos y que desangre mi alma a cambio de un beso, de una sonrisa brillante y curvada.
Por ella, con ella, mi katana, cortar el aire y abrir el cielo.

Si…

Si esta carta fuese de amor la firmaría con lluvia para echarte de menos.
Si estas líneas fueran un dibujo serían “El beso” de Gustav Klimt o un boceto de Dalí.
Si estas letras fuesen un deseo sería el tuyo, si fueran una pena sería la mía y si fuesen un privilegio sería el de tenerte.
Si este papel no fuera mudo sonaría un rock’n’roll y alguien gritaría ¡Oh yeah!
Si estas palabras fuesen valientes y no buscaran desesperadas un sitio donde esconderse estarían escritas con mi sangre.
Y si hoy no hubiera ayer ni mañana ni tampoco distancia… entonces le gritaría al mundo que te quiero… ¡Oh yeah!

Despedida

Trazadas mis palabras –que no escritas– con sextante y mapa estelar, ahora sólo ruedan, solas, y se alejan –se adentran– sin ningún deseo, sin preguntar ni siquiera por qué.
Sal conmigo a la ventana, juntos las despediremos, antes de que se marchen del todo.

Artículos imaginarios

UNA MEDUSA EN MI CABEZA

Nunca creí en los horóscopos y no sé si a estas alturas todavía ocupan sitio en las últimas páginas de los periódicos o revistas…
No es ese el debate, pues esta es sólo la introducción para decir que soy un signo de agua (Piscis), pero que a mí lo que me gustaría en realidad sería volar. Soñar, se me ocurre, es también una manera de volar, aunque un poco “light”, dicho sea de paso.
Metáforas y dualidades aparte (volar y soñar) tengo que admitir que en eso mi horóscopo sí que me define, porque al parecer los Piscis, por aquellas casualidades zodiacales, somos soñadores por naturaleza. Pero no es volar ni soñar lo que me ha traído a escribir estas líneas; lo que ocurre es que sin saber por qué me acordé de un grupo zaragozano (por desgracia disuelto hace ya muchos años) que se hacían llamar “Los Especialistas” y en mi opinión, eran talento en estado puro; un placer escucharles. Uno los últimos CDs de este grupo me lo regaló mi hermano y tenía por nombre “Un pez en mi maleta”… y pensando en tan original frase, he llegado al título de esta nuevo artículo del blog.
Porque, de la misma manera en que Los Especialistas presumían de tener un pez en su maleta (no especificaron nunca si era una sardinilla de unos pocos gramos o un siluro de 150 kilos), yo presumo de tener una medusa en mi cabeza. Es cierto que hace años era un bonito acuario tropical de aguas cálidas, lleno de pececillos de colores vivos y plantas de largas hojas que se movían mecidas por la suave corriente. Pero ahora, por esas rarezas que tiene la vida, los pececillos de colores dieron paso a una gran medusa solitaria de color azul luminoso. Posiblemente se comiera a todos los pececillos, incluidas las plantas de hojas largas. O quizá no, puede que tan sólo los sustituyera. Da igual. Ahora es ella la que flota en mi cabeza, sin pasado ni memoria, en completa y serena deriva.
No sé si siente o si padece, si sueña o si duerme, pero es hipnótico verla moverse despacio, con esos tentáculos que parecen abarcarlo todo mientras dibujan extrañas formas; enredándose, deshaciéndose, en conexión con sus pensamientos azulados que son los míos.
Ya no trato de comprenderla ni de comunicarme con ella, yo sólo la observo, a veces dominante, a veces sometida, pero siempre bella. Ajena. Inmune. Ausente… Con ese azul, inevitablemente mío, del que siempre seremos dueños.

No puedo terminar esta entrada sin dejar de mencionar a mi cuñada Mónica:
Ella también es Piscis, y en su brazo derecho tiene un precioso acuario tatuado, desde el hombro hasta la muñeca.
No sabría precisar lo que mi cuñada tendrá en la cabeza (puede ser un calamar, un pulpo, un delfín, un gato, un zorro, o todo ello a la vez) pero en el acuario de su brazo, sí que tiene una bonita y gran medusa, flotando, en perfecta calma y armonía junto a muchos otros elementos marinos.
Aún no lo había hecho, pero hoy le doy las gracias y le dedico esta entrada.

A veces, la serenidad azul de nuestras medusas logra comunicarse sin necesidad de hablar.

Mi burbuja

Palpita. Ausente, sufrida.
Sufriente. Dormida, me envuelve.

Aunque parezca hecho con lágrimas antiguas el cristal no se evapora como lo hicieron ellas.

En su caída, la línea era blanca pero al otro lado del prisma tú la viste de colores.

No podré salir ni tú entrar, por más que te acerques, la burbuja me mantiene lejos, a una vida y media de distancia.

Incluso cuando ésta acabe, todo lo que fui seguirá en su interior.

Palpitando, durmiente.
Mi envuelta ausencia.

Pequeñas historias y grandes dramas del mundo

NO A LA EXPLOTACIÓN INFANTIL

Madrid:
—Qué sorpresa mamá, la abuela me dio unas monedas! Me compraré un zoo! Y un unicorning! Y unas maricosas! Y un orangegután! Y un pájaro ebanero!
—¿Ebanero o ebanista?
—Un pájaro ebanista.
—¿No será carpintero?
—Eso, un pájaro ebanero.
—Muy bien cariño, pero eso será mañana; ahora a cenar y a dormir.

Somalia:
—Mira mamá! Con las monedas que me dio el patrón he comprado pan tierno en lugar de cogerlo del vertedero! Verás qué sorpresa se lleva la abuela!

Rarezas

Hay un nudo en cada minuto que estoy obligado a deshacer para seguir avanzando, despacio.

Hay un ojo que dibujo, ciego y mudo, tras cada esquina, para que me observe, me juzgue y me lleve preso –si fuese necesario–.

Hay algo que sobra, que falta, que ahoga, que quema.

Hay algo que es nada, pero lo abarca todo. Tan cercano, tan distante…

No lo busques, no lo toques, no lo quieras, no lo entiendes… porque no queda, no suena, no flota ni vuela…

Pero está en mí y desde mí.
Por mí y para mí.
Y morirá conmigo.

Dios no juega a los dados

Mi nombre es Satanás
Y quien juega a los dados soy yo.
Si sale uno… mueres.
Si sale dos… te asesinan.
Si sale tres… te violan.
Si sale cuatro… te arruinas.
Si sale 5… cometen una terrible injusticia contigo.
Sólo si sale 6 me meto en tu cuerpo. Y para sacarme, te hará falta un buen exorcismo.
Es muy divertido.
Me encanta el juego.

Dios en cambio, juega con un cubo de Rubik:
Si hace el lado blanco… nieva.
Si hace el lado rojo… nace una rosa.
Si hace el lado verde… crece un árbol.
Si hace el lado azul… sube y baja la marea.
Si hace el lado amarillo… luce el sol.
Si hace el lado naranja… amanece.
Y cuando resuelve el cubo entero… llueve y se forma un bonito arco iris.

Pero todo eso son idioteces.
Mi juego es mucho más divertido.
Agito el dado con furia…
Y lo arrojo con todas mis ganas, siempre contra los mismos.
¿Quieres saber qué te ha salido?

* * * * *

La frase de Albert Einstein «Dios no juega a los dados» es una cita, sacada de contexto, que se emplea incluso como prueba de que el físico creía en divinidades, en el destino o que mostraba así su rechazo a la teoría de la evolución de Darwin. Argumentos de autoridad aparte, la historia tras estas palabras es bien diferente, y ha suscitado gran cantidad de ensayos al respecto:
Einstein se refería al universo como a «Dios», una forma de hablar que compartieron físicos como Stephen Hawking. Debido a sus palabras tuvo que aclarar que, en efecto, no creía en divinidad alguna. La comparación con los dados tampoco quería decir que creyera en algún tipo de destino. La metáfora es tan sólo una crítica a la mecánica cuántica, que el nobel de Física rechazaba con rotundidad.

Artículos imaginarios

LA HOJA DE MAYO DEL CALENDARIO

Aún sin enterarme mucho de lo que pasa a mi alrededor, suelo fijarme en las cosas. Y acabo de darme cuenta de que, a pesar de estar a más de la mitad de Junio, todavía no he arrancado la hoja del mes de Mayo en el calendario.
La acabo de arrancar ahora mismo –admito que con cierta superioridad hacia la pobre hoja, que tampoco es que me hubiera hecho nada malo– y mientras la arrugaba, tenía la gran duda de si el mes de Mayo había durado sólo un mes, o un mes y medio.
No me miréis así; no da igual.
Es una cuestión importante. Un mes tiene que durar un mes. No puede haber meses de un mes y medio. Por favor, ¿qué confianzas son esas? No hay nada más imperturbable que el tiempo, aún cuando nos parezca que unas veces vuela y otras se para. Yo sólo quiero un poco de linealidad a la que agarrarme. Por eso no puede haber meses que duren un mes y medio, porque entonces, una vida sería más de una vida; sería una vida y media, y nosotros, ignorantes, haciendo como que da lo mismo. Así pues, si seguimos ese criterio, o parecido, una novela, una película o un culebrón turco (que ahora están tan de moda) además de lo que son, podrían ser un también un espejo en el que vernos reflejados. Y una mirada que aparte de un par de ojos, ella sola es capaz de contener una ilusión, una esperanza o la más completa de las tristezas. Y nosotros mismos, sin ir más lejos. Que además de certezas también estamos hechos de dudas, y además de con placeres, también estamos hechos con dolores. Incluso una afición, que además de afición puede ser igualmente un vicio… O un amigo, cuando además de ser un amigo, también es un tesoro.
Vale, para qué seguir, si ya está más que claro.
Me equivoqué y rectifico. Además del mes de Mayo, estamos rodeados de cosas que son más de lo que parecen (a excepción de las personas, que por norma general se empeñan en parecer mucho más de lo que son. Pero ese es ya otro tema).
Y ahora, con la hoja del mes recién arrancada y arrugada, miro el avanzado mes de Junio y soy incapaz de calcular el tiempo que me queda para tener vacaciones.

La lluvia

Bohemia (139)

Me concedieron un deseo, sólo uno.
Elegí lluvia, como podría haber elegido sol, cielo, nebulosa o big bang.
Mi deseo me fue concedido, y nunca supe –ni sabré– quién me lo propuso y me lo otorgó, pero pienso, empapado, que podría haber sido mucho peor.
A veces me deslizo como una corriente por la inclinación de las aceras y otras veces permanezco estático, como un charco en el que puedes reflejarte si así lo quieres.
Pero, mi consejo, si a ti también te dieran a elegir… no elijas lluvia. Elige sol, o niño, o tigre, o tierra.
Déjame a mí las gotas grises y frías porque ya las hice mías. No te diluyas ni te vuelvas transparente, y no te deslices que eso es cosa mía. Corre, elévate, empodérate y vuela… que yo me quedo a ras de suelo, ajeno y a salvo de tu fuerza, siguiendo mi pendiente camino del mar.

Artículos imaginarios

LA CHICA DE LA DERECHA EN LA FILA ANTERIOR

Hoy he dormido y soñado profundamente.
Todavía recuerdo el último sueño, algo perturbador. He despertado con una sensación de culpa terrible. En el sueño hice algo malo, pero no se me aplicó castigo ninguno. Todo siguió como si nada, pero el mal estaba ya hecho.
Quizá fuera eso lo perturbador, no recibir condena. A no ser que la penitencia viniera lenta, por la espalda, y a posteriori me alcanzase.
¿Vosotros creéis que los sueños tienen significado? Yo no estoy seguro. Pero creo que no. A día de hoy, siguen siendo un misterio, me parece que aún no se sabe por qué se sueña. No sé dónde dijeron que era un mecanismo de la mente para defenderse, para superar traumas, para avanzar, para mejorar.
Bueno. Tiene sentido. De ser así, tengo mucho que soñar todavía, para que la balanza del todo descompensada empiece a equilibrarse. Y ya no sé si me dará tiempo. Porque esto corre, y muy rápido.
Escribo este texto en el bus que me lleva al trabajo (pues trabajo a 45 kilómetros de mi ciudad). Y lo estoy escribiendo con la izquierda, por mi codo de tenista (gajes del oficio y de ganarse la vida ordenando moldes de hierro que pesan un huevo). Es raro escribir con la izquierda, pero al final le pillas la marcha. Os confieso sentir admiración por los zurdos y no os puedo decir por qué. Reconozco que por mi TOC, tengo cierta obsesión por las simetrías.
Pienso que yo debería ser zurdo y no diestro. Sería una forma de mostrar mi disconformidad con la realidad en la que vivo. Hacer las cosas desde la opción simétrica por no encontrar mi lugar en este mundo tan raro.
Definitivamente, llego a la conclusión de que soy un zurdo diestro.
De igual forma que soy un europeo japonés; eso lo he pensado también muchas veces, que si pudiera extraerse la conciencia de mi cuerpo y meterla en un cuerpo japonés no desentonaría en absoluto allí en Japón. En Tokio o Kioto, por ejemplo.
Qué cosas. Casi medio siglo para darme cuenta de mi condición de zurdo diestro y de europeo japonés. Y además, estoy convencido de que no conocéis a ningún zurdo diestro ni a ningún europeo japonés. No sé si sois afortunados por ello o todo lo contrario. Pensadlo. Y me decís.
Mientras, ya he llegado a mi lugar de trabajo.
Y ahora mismo –justo antes de que empiece mi jornada laboral– estaba pensando que hace un rato en el bus, la chica que tenía a la derecha en la fila anterior a la mía no dejaba de mirarme. Y no es la primera vez que lo hace, además. Yo siempre hago como que no me doy cuenta pero me incomoda un poco, la verdad.
Yo creo que sabe que soy un zurdo diestro europeo japonés. Y le extraña, lógicamente. Porque no es normal.
Quizá esté llamando a la policía ahora mismo y en un rato se presenten aquí 2 agentes y acabe en comisaría. Por impostor. Por farsante.
Claro, ahí estaría mi castigo. El del sueño; la penitencia que vendrá por la espalda.
Ahora lo entiendo todo.
Me sentaré a esperar a que vengan a por mí. Y que lo hagan cuanto antes… que no me apetece nada ponerme a trabajar.

Artículos imaginarios

Hoy inauguramos una nueva sección en el blog.
“Artículos imaginarios”.
En esta sección incorporaré los artículos (imaginarios) que una revista literaria (imaginaria) o en su defecto, un complemento semanal que un periódico cualquiera (imaginario también) tendrá a bien publicarme. Y será la única firma de la imaginaria revista, del imaginario complemento. Qué responsabilidad, por favor; todo dependerá de mí. De mi maestría, de mi torpeza y no de la suerte que nunca estuvo echada.
Será divertido. Porque todo estará en mi cabeza, y a partir de hoy, también en las vuestras. Si me lo permitís.
Permitidme también que os tutee. Que no haya distancia ni respeto, en ningún sentido; con total confianza.
Y empiezo hoy. Ya.
A bocajarro, sin presentarme.
Los que me conocen, ya saben quién en soy, cómo soy.
Los que no me conocen, ya se enterarán poco a poco. De momento, no necesitáis más. Esto es lo que hay:
Unas frases que relatarán una historia corriente. Mi historia. Ni vulgar, ni normal, ni especial, ni extraordinaria. Las palabras de uno que sueña y que despierta cada pocos minutos, arrojado al presente, a la vida, un poco de cualquier manera.

Sombras

Las del suelo y la de las paredes.
Algunas se mueven al son de los cuerpos a los que pertenecen. Otras estáticas, cuelgan de los objetos inanimados.
Me pregunto cuál de las dualidades es la verdadera. ¿Y si los cuerpos en realidad dependen del movimiento de las sombras? ¿Acaso son ellas las que en realidad viven y nosotros no podemos más que seguir sus pasos inevitables? ¿Somos la proyección viva de algo plano y oscuro, que se mueve y piensa un instante antes de que lo hagamos nosotros?
No hables conmigo. No pienses en mí. Hazlo con mi sombra, en mi sombra. Ella es la que vive, la que piensa, la que observa.
Yo, tan sólo estoy a su merced.

 

La mitad oscura (del cuarto creciente)

No es que la luna mengüe para hacer una cuna. Es que cada noche sale a bailar y en su danza, su falda se eleva o reposa.
Curiosa, observa paciente y luego, enfadada nos vuelve la cara.
Y se ríe, plateada, luminosa.
Y llora, derrotada, sobre las mareas.
Aburrida de mirarnos y cansada de llorar, un día se marchó. Buscó otro planeta, otra estrella con la que seguir bailando, girando, riendo, gritando, llorando…
Los más viejos todavía recuerdan el grácil vuelo de su falda, elevándose o reposando, que marcaba el inicio y el final de todas las noches.

Mi incertidumbre

Miénteme cuando me hables y mírame cuando me olvides; si entre la multitud me siento solo y al mejor postor, tendré que decidir cuando la moneda todavía da vueltas en el aire.
Sólo hay que mirar al suelo y agachar la cabeza mientras cae la tormenta.
Todo lo que venga después lo podrás recordar u olvidar… aunque alguien nos mienta.

Las 5 vidas de Kevin

Para salir de su celda-caparazón, Kevin se hizo miniatura. Un poco más, si cabe.
“Voy a comerme el mundo y la noche se me quedará pequeña” se repetía una y otra vez. Pero la noche –todas las noches en realidad– era de rebajas, sin I.V.A y con complejos. Mil o incluso más.
Sólo había una forma de hacerse grande. De subir, de saltar, de hacerse par, de que sonara un rock en su medida de vals.
No era difícil. Sus “amigos” y él lo habían hecho su identidad, como un grito de guerra:
“Algo de Coca, algo de Cola.
Después de la Cola, quedarse K.O.”

1

Sus “amigos” lo encontraron tirado. Se había meado encima después de meterse una raya demasiado larga. Dos de ellos lo dejaron recostado en la parada del autobús. Ya no cambió la postura. Mientras la ciudad amanecía, Kevin dejó de respirar.

2

Despeinado, cansado, sudado y soñoliento, logró poner en marcha el coche de su madre, no sin esfuerzo. El agujero del contacto se movía continuamente esquivando la llave una y otra vez. Pero al final lo consiguió.
Se quedó dormido mientras conducía. Se saltó un semáforo y un camión de reparto que llevaba mucha prisa lo embistió. Mientras la conductora del camión sufría un ataque de pánico, Kevin dejó de respirar.

3

En un sucio WC de un sucio garito, con los calzoncillos por los tobillos después de haber echado una larga meada, se durmió con la cabeza echada hacia atrás. Sufrió un coma etílico poco después. Atragantado por su propio vómito, Kevin dejó de respirar.

4

“Hoy es el día, tío, hoy es el día”.
“Esta es la nuestra, colega, jamás volverán a meterse con nosotros”.
“Tómate una pirula más, co, que hoy no podemos fallar”.
“Se van a enterar esos gilipollas, de nosotros no se ríe nadie”.
Lo repetían como un mantra.
Llevaban días planeando ese encuentro en un descampado lejano.
En plena madrugada, dos grupos de idiotas estaban dispuestos a matarse dominados por la testosterona y la chulería.
A los pocos segundos de empezar la pelea, un botellazo en la nuca le fracturó el hueso occipital. Kevin cayó al suelo fulminado. A los pocos segundos y sin que nadie se diera cuenta, dejó de respirar.

5

Kevin, triste y mareado siguió su hilo gris imaginario y volvió a su celda-caparazón.
Tuvo pesadillas y al despertar su resaca era espantosa.
Al poco rato sonó su teléfono móvil, y al otro lado había una chica con voz dulce que decía llamarse Sally. Kevin no recordaba nada, pero ella dijo que se conocieron anoche, y ante su insistencia y por no parecer descortés finalmente accedió a quedar.
Fueron al cine y luego a cenar una hamburguesa. Después pasearon y bailaron en cualquier esquina a ritmo de “Despacito”.
Acabaron besándose apasionados, después de contemplar el amanecer.

Sus “amigos” no volvieron a saber de él.
En alguna ocasión lo recordaron y hablaron de él.
“¿Qué habrá sido de Kevin?”
“Conoció a una pava y creo que está saliendo con ella”.
“Menudo bragazas. Él se lo pierde”.
“Oye, ¿tú crees que desde este balcón llegaremos de un salto a la piscina?”
“Pues claro. Anda, sujétame el cubata”.

Obsesión

1

No tuve tiempo de ordenar mis pensamientos ni de sacarte de mi cabeza.
Y ahora, en forma de obsesión, apareces y te escondes, te pierdes y me encuentras, te burlas, me consuelas, me matas, me renaces, me olvidas, me recuerdas… siempre a tu antojo.
Mientras, cada día me odias un poco más y cada noche me amas un poco menos.

2

No quiero verte, ni abrazarte, ni besarte.
No quiero pasear contigo, ni coger tu mano, ni dormir a tu lado ni que amanezcas sobre mi pecho. No quiero tenerte ni amarte, soñarte o añorarte, no aspiro ni siquiera a follarte…
Tan sólo quiero ser tu malsana obsesión.

Corre Forrest

Corre Forrest.
Eso fue lo que me dijeron.
Y empecé a correr.
Y ahora no puedo parar.
Si lo hago yo también se parará el mundo.
Debo seguir corriendo.
No me queda otra opción.
Nadie puede alcanzarme.
Por mucho que quieran.
Yo soy más rápido.
Aunque me canse.
Aunque me desmaye.
Aunque me rompa.
Aunque me muera.
Corre. Corre. Corre.
Más. Mucho más. Muchísimo más.
Hasta que todo acabe.
Si me cruzo contigo no me interrumpas.
No me interesa lo que tienes que decirme.
Apártate y deja que siga corriendo.
Pues si paro yo se parará también el mundo.
Corre. Corre. Corre.

Qué hambre tengo. Voy a parar un ratito, a ver qué encuentro por ahí.

Y el hámster al que habían apodado como Forrest, se bajó de su rueda y se fue tranquilo hacia su plato de comida.
Cuando hubo acabado de comer, se tumbó y cerró los ojitos.

Nadie sabe cómo ocurrió pero…
El mundo dejó de girar.
Allí donde era de día se quedó de día y al otro lado del mundo se quedó estática la noche. Sin la fuerza centrífuga del giro, hubo un gran movimiento de la masa de agua del planeta. En pocos minutos miles de millones de personas morían ahogadas por el desplazamiento de los océanos. El resto, sucumbió a los pocos días.
La rueda sobre la que corrió Forrest no tuvo nada que ver. Fue una maldita casualidad.
El cambio climático alteró todos los patrones y el delicado equilibrio que hacía que La Tierra siguiera girando.
Hacía tiempo que la humanidad sabía que habían cruzado el punto sin retorno, lo que nunca imaginaron es que todo se precipitaría tan rápido.

Aún hoy, La Tierra sigue flotando inerte por el vacío cósmico, a la deriva, con todos los siglos de historia sepultada bajo las aguas frías o sobre la arena quemada por el sol.

LA –SUCIA– MANO MÁS LIMPIA DEL MUNDO

–Yo creo que exagerais.
–En absoluto, gordi. Tú no sabes lo que es esto.
–Pues a mí me gusta.
–Tú, el largo, eres un degenerado. Esto es realmente asqueroso.
–¿De qué estáis hablando?
–Tú cállate pequeño. Deja a los mayores que hablemos de nuestras cosas.
–Creo que quiere hacerlo otra vez, se está acariciando las tetas. Qué asco por favor. ¿Por qué no me utiliza para señalar o indicar, que para eso estoy…
–A ver si hay suerte y lo hace otra vez, que me estoy poniendo cachondo perdido.
–¿Dónde habrá aprendido esta chica semejantes guarradas? Iremos al infierno por su mala cabeza. Esto debe ser pecado mortal.
–Pues a veces se hurga la nariz conmigo. Como soy pequeño…
–Pues a mí me utiliza mucho para acariciar o dar masajes. Como soy fuerte…
–Pero esas cosas están bien, gordi. No pensarías lo mismo si te vieras dentro de su coño.
–Compañeros, sois unos meapilas. Con lo excitante que es…
–Esta mujer no es decente. Es una cochina. Lo que necesita es un hombre como Dios manda, que la lleve al altar y me ponga una alianza. Y que ella le haga la comida, la cena, y traiga muchos niños a este mundo. Lo normal.
–A mí me gustan mucho los niños pequeños. Pequeñitos como yo.
–A ver chicos… atención… creo que va a hacerlo otra vez. Que tengáis suerte. Ahí va. Coged aire.
–No por favor! Prefiero que me amputen.
–Oh sí! Méteme hasta lo más hondo! ¡Más! ¡Más!
–¡Puaj! ¡Voy a vomitar!
–Pues yo me aburro.
–¿Cómo lo lleváis chicos?
–Me muero.
–¡Me corro!
–Que se acabe pronto por favor.
–Jo! Yo también quiero jugar.
–Pues a mí me gusta cuando lo hace con otra chica. Es muy bonito y sensual. ¿No os parece?
–Sois todos unos pervertidos. Y esta mujer una desviada sin remedio.
–¡Qué a gusto me he quedado!
–Que se lave ya, por favor… por favor…
–¡Ay qué bien, otra vez la fiesta de la espuma! ¡Chupiiiiiii!

–Os habéis portado muy bien chicos. Ha sido un verdadero placer, como siempre. Tomad cremita hidratante y a dormir todos. Sois los mejores. Hasta la próxima mis queridos deditos.

MOMO

No sé cuánto tiempo llevo aquí encerrada. Pero estoy más que harta. Y cansada. Y también asustada, lo reconozco… ¿qué irá a hacerme esta chica?
Cómo añoro los viejos tiempos. Aquellos buenos tiempos en los que el miedo por sí sólo era capaz de hacer la rueda girar y el sistema funcionar.
Los adolescentes, con sus inseguridades pero con su vitalidad eran las víctimas perfectas para los retos absurdos que se extendían por los móviles y las redes sociales.
Normalmente, mi presencia no era necesaria. Sólo cuando un niño o adolescente se negaba a hacer alguna prueba era cuando tenía que materializarme delante de sus ojos. Tan sólo con verme, se lanzaban a realizar la siguiente prueba fuera cual fuera… incluso abrirse las venas con un cuchillo de cocina. Incluso apuñalar a alguien querido. Una vez, conseguí que un chico con problemas de autoestima se arrojara por la ventana. Todos me felicitaron por aquel logro. Joder, no me miréis así. Tuve que hacerlo, es mi trabajo y me pagan por ello.
El día es muy largo y da para pensar. Recuerdo que cuando me prepararon para esta ocupación solicité colmillos y garras, y también fuerza y rapidez. Pero no, sólo me dieron un aspecto perturbador. Sonrisa larga y afilada, ojos fuera de órbita y pelos de loca. Con eso es suficiente, me dijeron convencidos. Tampoco te hace falta hablar, ni gruñir ni nada. Se cagarán en cuanto te vean, nadie se atreverá a tocarte, te obedecerán sin más. Y así fue durante mucho tiempo, hasta que tuve la mala suerte de tener que visitarla. Era la víctima, había empezado un reto y no quiso hacer la siguiente prueba. Ve a por ella sin piedad, me dijeron. Total que fui, toda chula con mi aspecto aterrador… Pero llegó ella, más chula que yo, con sus directos, sus ganchos y su terrible golpe de derecha… en unos segundos me había molido a golpes, la puta boxeadora ésta que no tendrá ni pelos en el coño todavía. Perdí el conocimiento y cuando desperté estaba atada a una silla. Lo peor de todo es que sabe quien soy. Sabe que soy MOMO, el monstruo que sale de la tele, del móvil o del armario y te matará si no haces lo que te dice. Y sabe lo que he hecho, sabe que obligué a muchos adolescentes a hacer y hacerse mucho daño. Y se está vengando, la pequeña zorra. Me humilla haciéndose selfies conmigo para subirlos al Face y al Insta, me maquilla, me pinta los labios y los ojos… escuece un montón; no tengo párpados así que no puedo cerrarlos ni parpadear! Me pone reguetón o cualquier ritmo latino durante horas, mientras chatea por wassap como si le fuera la vida en ello o mientras entrena con su saco de boxeo y le pega con toda su alma.
Las noticias dicen que las lesiones por retos virales han disminuido casi un 80 por ciento. Y entonces me mira y se ríe, la hija de puta. A ver cuando se apiada y llama a la policía. Que me detengan y me encierren en una fría mazmorra.
Cualquier cosa, cualquier final será mucho mejor que esto. Ya no soporto mas regetón. Ni más selfies.
Socorro.

MOMO

El Reto de Momo (también conocido como «Juego de Momo» y en su forma inglesa Momo Challenge) es una farsa viral, una leyenda urbana acerca de un inexistente «reto» de redes sociales que se ha esparcido por Facebook y medios de comunicación.Se ha reportado que un usuario llamado Momo incita a niños y adolescentes a realizar una serie de tareas peligrosas, incluidos ataques violentos, daño autoinfligido y suicidio.

Mitades

La mitad de la noche la pasé durmiendo. La otra, es posible que soñando.
La mitad de los años que me quedan por vivir y la mitad de los vividos están separados tan sólo por un instante (éste). Y si los sumáramos, formarían la mitad de mi vida.
La mitad de mi corazón se quedó lejos de mí. La otra mitad, la llevo encima pero ahora mismo tiene los ojos cerrados y no quiere sentir. “Para qué”, repite sin cesar, si la mitad de la gente son desconocidos y la otra mitad no quiere escuchar.
No soy una mitad, ni tú tampoco. Pero antes de saberlo, aguardábamos ignorando la mitad de las cosas que nos iban a pasar. La otra mitad, ya había pasado igual que pasan las estaciones (inevitablemente).
La mitad de todo a veces es menos que la mitad de nada. Pero la mayoría de la gente no lo sabe todavía. Y no lo digo yo. Lo dice la mitad de mi verdad. La otra mitad, es posible que sea mentira. ¿Cómo saberlo? si pasamos la mitad de la vida con los ojos medio cerrados y el corazón partido por la mitad…
Están son las reflexiones de la mitad de mi alma. La otra mitad, que viene y que va, vaga como un fantasma al que le quitaron su mitad y la busca por la mitad del mundo y la mitad del cielo.

Mis flecos enredados

Recojo los flecos enredados de mi día en una madeja brillante del color del vino y de la sangre, vertida como la tinta torpe hacia palabras y frases que me consumen a la vez que te emocionan, que te divierten… o que te consuelan.
Son éstas las que sin un significado claro serán oscuras para que se distingan de las sonrisas falsas y las envidias que tienen que venir.
Tras de mí, los cielos abiertos cerrarán sus puertas… y sólo podréis imaginar lo que queda más arriba, allá donde a veces me paseo para huir.
Desde allí se divisa y se divide el mundo en fragmentos que uniré como las frases, mientras tenga algo que callar para poder escribirlo.
Mientras, a salvo de vuestras miradas y mucho más allá de las puertas cerradas del cielo abierto que miráis absortos, trato de encajar las piezas del mundo y de mi vida, para que en algún sueño sin sentido de una noche de Otoño pueda reunirme con vosotros, pero solo hasta que los flecos enredados de otro día me reclamen, tan brillantes como siempre, para ser enmadejados.

Un poco de ciencia. El punto azul pálido (Carl Sagan)

Un punto azul pálido es una fotografía de la Tierra tomada por la sonda espacial Voyager 1 desde una distancia de 6000 millones de kilómetros. La imagen muestra la Tierra como una mota o punto de luz casi imperceptible debido al fulgor del Sol. La foto fue tomada el 14 de febrero de 1990, y Carl Sagan tituló una de sus obras “Un punto azul pálido” inspirándose en esta fotografía.

Estas son sus reflexiones, sus pensamientos en el sentido más profundo de la fotografía:

«Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. Ahí ha vivido todo aquel de quien hayas oído hablar alguna vez, todos los seres humanos que han existido. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cada cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada niño esperanzado, cada madre y cada padre, cada inventor y explorador, cada maestro moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y cada pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina del punto sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina del punto. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una solitaria mancha en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.»

Carl Sagan.

Un poco de religión. El Dios de Spinoza

Cuando Einstein daba alguna conferencia en las numerosas universidades de USA, la pregunta que le hacían los estudiantes era:
-¿Cree Ud. en Dios?
Y él respondía:
Creo en el Dios de Spinoza.
Baruch de Spinoza fue un filósofo holandés considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés Descartes.
Este es el Dios o Naturaleza de Spinoza:

“Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.
¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa.
Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.
Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad fuera algo malo.
El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer.
Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito…
¡No me encontrarás en ningún libro!
Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decirme a mí como hacer mi trabajo?
Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te crítico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.
Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar. Si yo te hice… yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias… de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad?
¿Qué clase de dios puede hacer eso?
Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti.
Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti. Lo único que te pido es que pongas atención en tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.
Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.
Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.
Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.
No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de existir.
Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di. Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?… ¿Te divertiste? ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?…
Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.
Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy?
Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?… ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.
Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí.
Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.
¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?
No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro… ahí estoy, latiendo en ti”.
Spinoza.

El primer Sábado

Nuestra primera conversación fue tan absurda como una clase de inglés.
¿Recordáis las clases de inglés? Preguntas y respuestas corteses y perfectamente medidas en un contexto claro, con adecuada tensión y resolución plana. Dudas blancas y blandas de ascensor, hospital, hotel, restaurante y supermercado.
Nos dimos dos besos de manual. ¿O fue un apretón de manos? Tal vez fuesen las dos cosas. Pero tras esa frialdad impostada pude ver nuestra vida reflejada en tus ojos. El futuro (ese que parece que nunca llega) tomó forma en 15 segundos, un sábado cualquiera. Y quedó a nuestro alcance, para recorrerlo juntos. Un paso tras otro. Una curva tras otra. Un destino y el otro:
El tuyo y el mío.

Y aunque después vendrían unos días que serían como noches, al final el amor, además de ciego y un poco loco, también es sabio y siempre tiende al equilibrio, al igual que el universo regido por sus leyes.
Nunca creí en el destino ni en la eternidad, pero mientras ella y yo sigamos caminando, existirá un futuro que compartir juntos, múltiplo de un bonito –y lejano– sábado lleno de luz, en el que todo comenzó.

Para Bea.
Porque en la vida hay –sólo, siempre– un gran amor.

El vacío no era esto

Ni bien ni mal ni regular
ni todo lo contrario.
Ni tú ni yo
ni jamás nosotros.
Ni esto ni lo otro
ni tampoco aquello.
Ni flores ni espinas
ni aroma de rosas.
Ni aquí ni allí ni cerca
ni de coña lejos.
Ni puertas ni ventanas
ni persianas bajadas.
Ni dormido ni soñando
ni haciéndolo despierto.
Ni ahora ni nunca ni siempre
ni tiempo por llegar.
Ni familia ni amigos
ni al lado de nadie.
Ni uno ni dos ni diez
ni de cero a cien.
Ni lunes ni domingo
ni fiestas de guardar.
Ni solo ni acompañado
ni rodeado de gente.
Ni guapo ni feo
ni espejos para mirar,
para romper…
O reflejar.

El vacío no era esto…
Ni lo otro.
Unas veces no era nada…
Y al final se volvió todo.

TETRIS

Lo nuestro comenzó como empieza una partida de Tetris. Con la certeza de que en algún momento terminará. Los que conozcáis ese juego sabréis que puedes marcarte metas y cumplirlas con más o menos destreza, pero llegará un momento que la pantalla llena de piezas mal combinadas te impedirá seguir formando líneas. Un Tetris siempre es una cuenta atrás segura: una bomba de relojería.
Tú eras como la pieza roja: Lisa y estirada. Sincera, práctica, fina, elegante y sin dobleces. Por el contrario yo unas veces era como la pieza azul, enroscada y cerrada sobre mí misma y otras veces como la pieza naranja, retorcida, asimétrica, imposible de poner en equilibrio y con un hueco permanente por llenar.
La partida comenzó con dificultad –mis piezas giraban en sentido horario y las tuyas en el contrario–. Ambas tratamos de formar buenos momentos, pero al igual que las líneas, desaparecían casi en el mismo instante de formarse.
La gravedad tiraba hacia abajo de las piezas cada vez con más fuerza y el vértigo construía hacia arriba el desastre que habría de venir… Cuando la velocidad de caída se volvió incontrolable y no fuimos capaces de alinear ninguna pieza más, te fuiste sin despedirte y no tuve otro remedio que continuar mi partida yo sola.
Desde entonces, las piezas siguen cayendo, pero jamás volvió a caer la pieza roja, la larga, la más elegante de todas, aquella que me habría de recordar a ti.
En su lugar, todas las demás caen arrojadas de un modo grotesco, grosero y sin ninguna gracia. En su caída giran imprevisibles y se estrellan contra el suelo rompiéndose en varios trozos, provocando un ruido sordo como cuando se rompe un hueso –como cuando se rompe una vida–.
La partida no acaba y sigue su largo y extraño discurrir.
Yo ya no formo líneas porque ya no manejo los mandos. Tan sólo esquivo como puedo las piezas que alguien arroja sobre mi cabeza.

No sé quién eres

—Qué lugar tan curioso.
—No es curioso. Es extraño.
—Es curioso que sea tan extraño.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
—Pues no lo sé.
—¿Y tú?
—Normalmente cuento hasta 100. Una vez llegué hasta 500.
—¿Eso es mucho o es poco?
—Eso es poco. Muy poco.
—Yo creo que acabo de llegar.
—No, cuando yo llegué ya estabas.
—¿Y dónde estamos?
—Yo creo que es un laberinto.
—No digas tonterías… ¿Dónde están las paredes?
—¿No las ves?
—No.
—Yo soy una pared. Tú eres otra.
—Mentirosa.
—No te enfades, sólo bromeaba. Es que tenemos que llevarnos bien.
—Pues no me mientas. Esto es serio.
—No es serio, es cruel.
—Es cruelmente serio.
—Mira.
—El qué.
—Una pared.
—Quizá la vería si tuviera ojos.
—Ya. Y si yo tuviera brazos te abrazaría.
—Y si yo tuviera cuerpo me dejaría abrazar.
—Y si yo tuviese labios te daría un beso.
—Y si yo tuviera boca te diría que te odio.
—Mentirosa. Me dirías que me quieres.
—Cómo me conoces…
—¿Por qué cierras los ojos cuando hablas?
—Me ayuda a recordar.
—¿Tú te acuerdas de algo?
—No. Pero lo intento.
—¿Lo has sentido?
—¿El qué?
—El viento. A veces sopla.
—Si. Algo me ha rozado la mejilla.
—¿Tienes mejilla?
—Si.
—¿Puedo besarla?
—Cuenta hasta 100 primero y búscame después. Me esconderé detrás de una pared. Si me encuentras, me besas en la mejilla.
—Aquí no hay paredes, lista.
—Entonces… ¿por qué no podemos escapar?
—Qué buena pregunta.
—¿Cuánto tiempo llevamos ya?
—Voy por 200. Escóndete. Ya viene.
—¿Quien viene?
—Él. Que no te vea. Te quiero sólo para mí.
—A mí no puede verme.
—Pero sabe que estás aquí.
—No lo creo. Es un pobre viejo.
—Lo sé. Pero mira lo que nos ha hecho.
—Ya puedes salir.
—¿Seguro?
—Si.
—¿Me ha visto?
—No me ha visto ni a mí.
—Es un pobre diablo.
—Lo sé. Pero mira como nos tiene.
—Cállate. Ya puedes darme el beso.
—Lo haría si tuviera labios.
—Qué rabia. Se me había olvidado.
—Quizá mañana.
—¿Cuándo es eso?
—Cuando llegue a 500.
—Pues empieza a contar y no pierdas el tiempo.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿Quién eres?
—¿De verdad quieres saberlo?
—Sí.
—Cuando lo sepas ya nada será igual.
—Ya nada es igual. Cuéntamelo.
—Eres un recuerdo.
—Mentirosa. ¿Por qué me mientes siempre?
—Es cierto. Sólo estás en su cabeza. Y yo también.
—No quiero oírte. Si tuviera dedos me taparía los oídos.
—Somos su pasado. Somos lo que ocurrió. Mejor dicho, lo que ya nunca ocurrirá.
—Pero si es un pobre anciano.
—Si. Y va perdiendo recuerdos. Cada día más. Pero ni a ti ni a mí nos deja marchar.
—Quizá es que somos lo único que le queda.
—Pronto morirá.
—Es posible. Pero antes olvidará.
—Entonces, seremos libres.
—No. Sólo seremos palabras que escriben sobre libertad.
—Mentirosa.
—No te enfades. Tenemos que llevarnos bien.
—¡No me toques! ¿Por qué lo has hecho?
—Yo no he sido. Habrá sido un enfermero. O un familiar.
—Ah…
—A veces le hablan y podemos oírlo también.
—Pero… esto es muy triste.
—Si. Lo es.
—¿Y tú? ¿Estás triste?
—No. Yo soy sólo una voz que habló como un susurro.
—Pues yo tengo ganas de llorar.
—No puedes. Él también se olvidó ya de eso.
—Pero oigo llorar. Alguien lo hace a su lado.
—No, soy yo la que llora.
—¿Quieres que te abrace?
—No. Quiero estar sola.
—Yo también.
—Tenías razón. Ya nada es lo mismo.
—Oye… ¿Quién eres?
—Soy la última lágrima de su recuerdo. El de su mujer.
—¿Y tú?
—Yo soy la última sonrisa que recuerda. La de su hija.
—Entonces… no podrá olvidarnos nunca.
—Lo hará, por desgracia lo hará.
—Pues… me parece muy triste.
—Lo es.

4 Caras de colores

—Tengo sueño.
—Yo tengo sed.
—Yo no tengo ganas de nada.
—Pues yo tengo ganas de bailar.
—Que alguna de vosotras haga algo o me dormiré.
—Me ha parecido oler a ron del bueno.
—Qué pereza.
—Además de bailar, también me apetece cantar.
—Yo me voy a echar un sueñecito.
—¿Qué habrá hoy de beber?
—Tú siempre pensando en lo mismo.
—Mejor alimenta tu espíritu. No hagas caso de la tiranía de tu cuerpo.
—Despertadme dentro de un rato entonces.
—Una menos para repartir la bebida. Tocaremos a más.
—Sois unas estúpidas, parecéis quinceañeras. Me tenéis hasta el coño.
—¿De qué color lo tenéis vosotras?
—Yo verde fosforito.
—Yo morado.
—A tí qué te importará mi coño.
—El mío es azul luminoso. Como el cielo del mediodía.
—Callaos… quiero dormir.
—Necesito un trago. ¡Camarero! ¡Un gin tonic!
—Puta borracha. ¿No te da vergüenza?
—El alcohol no es bueno para los chakras. Te los cierra y te impiden absorber la energía.
—Por favor… callaos de una vez.
—Échate a dormir y déjanos en paz, neurótica. Y que alguna consiga una botella de algo… por favor.
—Tú y tus neurosis. Tú y tu síndrome de abstinencia. Tú y tus locuras. De buena gana os dejaría aquí plantadas y me iría a vivir mi vida. Putas locas.
—Paz y amor hermana. Aleja los pensamientos negativos y respira… que venga la luz y el color. Míralos, están a tu alrededor.
—Me he tomado un bote de somníferos.
—Pues yo me he bebido una botella de ginebra.
—Apañada estoy. Toda la vida compartiendo lienzo con tres putas locas. No tendría otra cosa mejor que hacer, el Andy Warhol ese, que dibujarme por cuadruplicado.
—No te alteres Norma Jean… ¿Dónde íbamos a estar mejor que aquí expuestas en esta galería de arte?
—En una cama.
—En un bar.
—En una sesión de fotos.
—Rodando una película.
—En una fiesta hippie con canutos.
—En el diván de un psiquiatra, pero lejos de vosotras. Callaos que viene alguien. Y no vuelvas a llamarme Norma Jean, sabes que me gusta que me llamen Marilyn.
Marilyn Monroe.

A destiempo

Siempre soñé después de despertar para amanecer en otro lugar. Sin moverme del sitio escuché sin hablar y escribí sin pensar para no pensar en nada. Y en nada me quedé cuando quise conocer lo que todos ya sabían. Entonces supe que tenía que marchar, pero sólo corrí cuando era mejor ponerse a descansar.
Al final descansé, aunque fue después de dormir una noche más. Así que dormí cuando había que volver y volví cuando había que esperar… O eso me pareció, cuando parecía que estaba detrás pero sólo miraba hacia adelante. Y hacia adelante caí cuando ya no quedó nadie. Por eso nadie me dijo que hubo muchas cosas que nunca ocurrieron.
O sí que lo hicieron, pero a su debido destiempo

El Mustang rojo

Voy en un Ford Mustang de color rojo.
El Mustang, es ese coche deportivo de aspecto agresivo que tiene un caballo en la parrilla frontal. No lo confundais con un Ferrari, que también tiene un caballo. La diferencia es que en un Ferrari el caballo está encabritado y tiene las patas delanteras en el aire y en el Mustang el caballo está horizontal, galopando, a punto de impulsarse con los cuartos traseros en una nueva y poderosa zancada. Os lo digo porque no es difícil confundirlos a primera vista.
Tengo que decir también que pocas veces había visto uno de estos. Un Mustang descapotable, digo. Reconozco que es bonito, pero no me interesan los coches. Para nada. Para mi gusto son muy poco prácticos. Además, yo nunca voy por carretera, suelo utilizar otros medios de transporte… Pero hoy es todo muy diferente.

Para empezar, no estoy viajando sola. Yo siempre voy a mi rollo y sin que nadie me condicione… Pero hoy no. Voy con una mujer, que es la que conduce. Y a decir verdad tan apenas la conozco… Lo poco (lo único) que sé de esa mujer es que es dueña y conductora del Mustang rojo en el que viajamos… y que parece estar disfrutando como un niña de la conducción sin capota. Yo también, que conste. Y es que el viento que nos azota con fuerza da mucha sensación de libertad. Y su melena pelirroja y ondeante es muy vistosa. Hace juego con la carrocería del coche, además.
Nunca había venido por estos parajes y tengo que decir que son realmente espectaculares. La costa Oeste de los Estados Unidos es un regalo para los sentidos. Viajamos hacia el sur. Hemos salido de Seattle y pasando por San Francisco y Los Ángeles llegaremos al Gran Cañón. Y después, pues quién sabe. Nevada, Montana… Ya se verá.
Reparo una vez más en la conductora. La pelirroja. Con la mirada fija en la carretera, no me mira ni me habla. Qué maleducada, la tipa. Buena conductora, si. Guapa, también. Pero muy poco habladora. Y muy suya. Yo pienso que va un poco de diva. Pero bueno, ahora eso ya casi es lo de menos.
A unos pocos cientos de metros ya se observa la escarpada garganta del Gran Cañón del Colorado. Es impresionante. Me rindo ante tanta belleza.
Casi abruma.
Casi se puede decir que no hay nada más bonito.
Casi diré que merece la pena morir en este escenario.
Morir aquí.
Morir así.
Morir ahora.

La conductora pelirroja paró el Mustang en un sitio habilitado.
Los turistas que había por allí la miraron de reojo. Unos al coche. Otros a ella. Otros su melena. Otros sus piernas largas y otros sus botas camperas. Sólo una niña que había por allí se percató de que en el frontal del Mustang, junto al logotipo del caballo que galopaba, había una mariposa preciosa, pero muerta, incrustada en la parrilla.
—Es un bello ejemplar de Tarucus Theophrastus—, le dijo su madre, apenada.
—Pobrecita— respondió la niña—, al menos ha muerto viajando por el mundo.

Pequeñas historias

PEQUEÑAS HISTORIAS
Y GRANDES DRAMAS DE LA GENTE

1
—¡Dese prisa señor conductor! —grité golpeando la tapa con los nudillos—. No puedo llegar tarde a mi propio entierro.

2
—¿Hay alguien ahí? —pregunté asustado.
Y alguien, aún más asustado que yo, me contestó que sí.

3
—Te doy mi corazón. Tómalo, es tuyo.
—Gracias. Mira, todavía late.

4
—Lo siento muchísimo. Le quedan 2 meses de vida.
—Vaya… ¿podría pasarlos con usted?

PEQUEÑAS HISTORIAS
Y GRANDES DRAMAS DEL MUNDO

NO A LA POBREZA
NO A LA GUERRA

5
—¿Por qué tiramos toda esta comida? ¿No se la podríamos dar a alguien que la necesitase?
—No te preocupes hijo, ellos mismos la cogerán de la basura.

6
PARIS:
—Dispare ya por favor, dentro de 15 minutos tengo otra sesión de fotos.
SIRIA:
—Dispare ya por favor… máteme y no me torture más.

NO AL MALTRATO ANIMAL

7
—Pobre toro… ¿por qué le hacen todo eso?
—Tranquila pequeña. Esto es arte. No sufre.

8
—¡Qué perrito tan bonito! Me gusta. ¿Lo desatamos y nos lo quedamos?
—No podemos cariño, este pobre galguito hace un rato dejó de respirar. Ven, vamos a descolgarlo.

NO AL MACHISMO
NO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO

9
—¡Buenorra! ¡Te agarraba del pelo y te follaba aquí mismo!… Huy, qué vergüenza, hija mía, no sabía que eras tú. Perdona.

10
—Antes de que se acaben las fiestas… ¿Nos follamos a la última?
—Calla. No mereces estar en esta Manada. Hay que decir siempre “la penúltima”.

11
—Cariño, te doy un dólar por tus pensamientos.
—Deja de apretarme el cuello, no puedo respirar. Y no me pegues más, que me vas a dejar marca.

12
—No quiera convencerme señor agente. La maté porque era mía.
—Eso díselo al juez, malnacido. Si fuera por mi te mataba a porrazos ahora mismo.

NO A LA MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA
NO AL MATRIMONIO INFANTIL

13
—Ven aquí, vamos a empezar tu ritual de purificación.
—Deja esa cuchilla abuela, no quiero que me cortes el pelo. Me gusta llevarlo largo.

14
—Hija, disfruta de tu noche de bodas.
—Y… ¿eso qué es?

La ocupación blanca

Me dijeron que yo era uno de “los blancos” y de ese color me vistieron.
Me dijeron que todo aquel que vistiese de otro color sería el enemigo.
Me dijeron que aquí todo valía. Que no tuviera reparos ni remilgos. Es divertido, me dijeron, una vez que te quitas de encima los prejuicios y los escrúpulos. Niños, adolescentes, mujeres, ancianos… daba igual. En el fondo, todos son iguales. Todos mueren de la misma forma.
Me dijeron que la estrategia principal era la ocupación. Se trataba de apoderarse de todo y no dejar sitio ninguno para nadie más. De hecho, el nombre de nuestro proyecto era “La ocupación blanca”. Cuando lográramos eso, el objetivo estaba conseguido.
Pregunté qué haríamos después de que todo estuviera ocupado. No supieron responderme. Pregunté también qué ocurriría si no lo conseguíamos. Tampoco supieron decirme.
No hice más preguntas. Me limité a cumplir con mi obligación. O al menos, con lo que se esperaba de mí.

No resultó difícil.
Nosotros éramos cada vez más y ellos cada vez menos. Además éramos mucho más rápidos.
Es cierto que recibían ayuda externa… pero siempre seguían la misma estrategia, era fácil anticiparse y en pocos días quedaba neutralizada. Cada vez resultaba menos eficaz.
El factor psicológico también era importante. El enemigo ya estaba agotado a todos los niveles y eso facilitaba la ocupación.
Lo estábamos logrando. No tardaríamos mucho más tiempo en alcanzar el objetivo.

Alguien ha empezado a hablar de la operación “T.M.”
No sabemos qué significa eso.
Realmente nos da lo mismo.
La ocupación está casi completada y el enemigo abatido.
No lo lograrán.
No tienen tiempo.
La operación “T.M.” es una utopía.

No puede ser.
Algo está pasando.
Algo está cambiando.
Ahora somos los blancos los que morimos y ellos sobreviven.
Nos están venciendo.
No lo entiendo.

El Trasplante de Médula fue todo un éxito.
Los valores disparados de glóbulos blancos disminuyeron hasta niveles normales.
La pequeña Beatriz venció la leucemia y salvó la vida gracias a un trasplante de médula.

DONA MÉDULA.
SALVA UNA VIDA.

Verde no es naranja

“Verde no es naranja”.
Ni mi voz es palabra, acaso, sólo oscuro silencio.
La sombra que se aleja no es la mía.
Ni el amor de tus ojos deja surcos como el llanto.
Negro tampoco es rojo.
Hasta que sangra la pared sobre el blanco de un espejo.
Enfrente, ya no queda la verdad.
Estoy yo, perdido. Estás tú, detrás.
Estamos los dos, perdona, bajo el blanco satén de las sábanas calientes.
Los cipreses no llegan al cielo aunque lo intenten.
Ni los sauces lloran en realidad.
Tampoco lo pretenden.
“Verde no es naranja”, dijiste una mañana mientras te miraba.
Y no eran horas de mirar.

100 ochos

Infinito llegó arrastrándose a la reunión de los cien ochos… Antes de entrar, no sin esfuerzo se puso en pie… ¡Pecho fuera, cabeza alta y paso firme!… y se coló en la reunión. Infinito parecía un ocho más. Exactamente igual que todos los que estaban allí dentro.
Pidió un refresco y apoyado en una columna para no caerse y descubrirse, disimulaba silbando una canción de moda.
Los demás ochos andaban, bailaban, cantaban bebían o dormían. Dos ochos se besaban, en un rincón alejado y oscuro. Después se fueron de la mano hacia el cuarto de baño.
Se estaba bien allí, pensó infinito, con su refresco en la mano.
—¡Todos quietos! Aquí hay un intruso —dijo un ocho—. Estamos más de 100.
—¿Y cómo lo sabes si sólo podemos contar hasta ocho? —preguntó otro.
—Haciendo grupos, ignorante. Ocho grupos de ocho y luego 3 o 4 grupos más, depende.
—¿Y de qué depende?
—No lo sé, ¡no me líes! pero aquí hay algo que no encaja.
—¿Qué pasa?
—Que estamos 101
—¿Y eso qué es?
—Pues… 13 veces 8.
—¿Y cuánto es 13?
—2 veces 8… bueno, un poco menos.
—Creo que no lo entiendo.
—Yo tampoco… ¡pero aquí hay uno que sobra!
—¿Y quién es?
—Y yo qué sé. ¿No serás tú?
—Yo no, ¿y tú?
—Yo tampoco.
—¿Y aquel?
—No lo creo…
—Esto es inadmisible… Hay que encontrarlo. ¡Que alguien piense algo!
—De acuerdo, pensaremos…
Silencio.
—¿Alguien ha pensado algo?
—No.
Silencio.
—Pues seguid pensando, que esto hay que arreglarlo.
Infinito observaba desde lejos apoyado en su columna. Apuró su refresco y lo dejó en la barra mientras guiñaba un ojo al camarero.
—Los ochos tienen fama de ser retorcidos —se dijo—, pero no imaginaba que fuesen tan cortos. Yo me largo de aquí.
Y se echó al suelo, y haciendo la croqueta se marchó de allí dejando a los ochos tan boquiabiertos… que se volvieron ceros.

Una “O” llegó rodando, a la reunión de los 100 ochos que se volvieron ceros. Se cruzó con infinito, que salía de allí.
—¡Hola! ¿Qué se cuece por ahí dentro? ¿Puedo pasar?
—Entra si quieres, pero no te lo recomiendo… ahí dentro llevan una conversación muy rara…
—Creo que no te entiendo…
¡Que son todos muy RAROOOOS!
—Ah vale…

«O” continuó rodando, calle abajo. Pero la calle era larga y empinada y ganó velocidad… chocó con una piedra puntiaguda, y se pinchó y se desinfló. Se quedó como una pequeña línea horizontal.
Con mucho esfuerzo consiguió ponerse en pie.
A estas alturas, todavía sigue buscando la reunión de los 100 unos. O las 100 íes.

El blanco de Diciembre

La melancolía de fondo
late en una foto de color sepia,
donde todas mis dudas son
los restos del naufragio.
Las noches largas vienen
caídas del cielo junto
a las miradas hirientes
y engarzadas de la gente:
Bajo sus pies, las cuchillas
marcarán el hielo y
abrirán mi piel, para
que en el filo del invierno
también esté mi sangre.
Mi sangre caliente y blanca
sobre el blanco de Diciembre.

Mi inconexa voz

Todas las noches llueven letras y palabras desmembradas.
En los rincones se acumulan, como pelusas. Inconexas, sólo el azar las pronuncia para los oídos sordos de la gente. También para los ciegos que no quieren ver.
Yo tampoco oigo, ni veo. Y cuando hablo lo hago con los restos de palabras inconexas y moribundas que encuentro por los rincones.
Así, cuando calle el cielo morirá mi voz.
Mi inconexa voz.

El caramelo (en la puerta de un colegio)

No recordaba cómo había llegado hasta allí… Lo único que podía afirmar era que la noche había sido muy larga y confusa. Movimiento, agobio y desenfreno… Después una caída y un golpe. Y por último, las luces de la mañana reflejadas en su envoltorio brillante.
Eso es lo único que era capaz de recordar. Nada más.
Miró a su alrededor y cuando vio donde estaba sintió una oleada de terror. Puesto que, de los posibles escenarios en los que poder aparecer, sin duda ese era el peor de todos.
La puerta de un colegio.

A ver, de algo hay que morir, se dijo, pero los niños… son palabras mayores. Todos lo saben: Los niños son unos seres malvados, sin conocimiento ni criterio. Maleducados, mocosos, egoístas, ruidosos y sin ningún miramiento.
Distinguió que aquello era un instituto de enseñanza secundaria… pues aún peor. Adolescentes: Hormonados, frívolos, presumidos… torpes aprendices inconscientes, despojados de la poca inocencia que un día tuvieron.
Lo verían, seguro. Llamaba la atención. Estaba diseñado para ello: Ligeramente alargado (en proporción áurea), con ese envoltorio de celofán brillante como un espejo y una sabrosa fresa dibujada, con las palabras “Sugar free”, que incitaban a saborearlo y deleitarse despacio, como el manjar de dioses que era… Y sobre todo, esas dos terminaciones a los lados, tan graciosas, como coletas de plata que te están pidiendo a gritos que las estires para que ruede el envoltorio y empiece el espectáculo…
El sonido de un timbre, estridente y prolongado sonó en el interior del edificio y le sacó de sus pensamientos con un golpe de realidad. Sabía lo que significaba aquello. Tenía los minutos contados.
Hasta aquí hemos llegado, se dijo.
Y se limitó a esperar…
La puerta se abrió.
Pudo imaginar por un momento a los adolescentes saliendo atropelladamente, a gritos y empujones, y a uno de ellos abriéndolo impaciente y devorándolo sin piedad ninguna.
Por favor… que sea rápido… se decía resignado.
Los adolescentes salieron tranquilos, despacio, casi ordenados, sin hablar. Cada uno mirando su teléfono móvil, absortos en ese universo virtual con forma rectangular y plana.
Entre selfies, “likes” y postureo, desaparecieron sin que ninguno reparase en su pequeña presencia brillante.
Cuando las puertas se cerraron, una urraca lo atrapó con su pico afilado y se lo llevó volando.
Menos mal, se dijo. Me libré por los pelos.

Orilla

Me quedé dormido en la orilla.
Todas mis flores se marcharon con las olas.
Las algas se enredaron en mi cuello.
Mis sueños se llenaron de sal…
Cuando desperté, me quedé mirando el horizonte.

Distancia & Olvido

Nos tenemos
nos marchamos
abrazados nos besamos.
Estoy a tus pies
te tengo en mis manos.
Duele estar lejos
y en mitad de la historia.
Pero te oigo respirar
porque en la apariencia
o en la verdad
la distancia es incapaz
de volverse olvido.

Dormir & Soñar

Hay gente que vive en su sueño más bello y más profundo.
Hay gente que no duerme y sólo sueña con aquello que nunca llegará.
Hay gente que duerme sin soñar.
Y hay gente que mientras duerme -prisionero de su tristeza o de sus pesadillas más negras-, acaba cayendo por alguna de las numerosas grietas de su vida… Y luego cuando despiertan, se dan cuenta de que todo cuanto conocen y han vivido se queda en otra vida que ya no es la suya.

El tiempo detenido

Hay sitios en los que el tiempo no transcurre. Nunca llueve, y cuando lo hace ya nunca termina: las gotas quedan prisioneras en los cristales sin saber cómo deslizarse hacia abajo. Y lo que ves es siempre lo mismo en todas partes; la misma luz de una luna que nunca se esconde, las mismas siluetas proyectadas en la misma pared, la misma hora en el mismo reloj que hace años se paró, cuando en algún momento aún daba tiempo de que fuera demasiado tarde.

Entropía insoportable

Los pensamientos y los recuerdos son instantes de una vida que la mente desordena. Los míos, inquietos, cambian de sitio constantemente. Entre los charcos y las nubes, como las perseidas, lloran a veces para brillar. Mientras trato de ordenarlos, y sólo guiado por su brillo fugaz, la insoportable entropía los esparce frente a mí. Una y otra vez.

Rasgado

Las palabras más sinceras dejan surcos en el papel, como las cuchillas sobre el hielo.
Ayer, el tiempo entre cristales rotos no avanzaba para no sangrar pero hoy, busco las cicatrices que el silencio dejó en la memoria.
Sangre y tinta se deslizan por las grietas largas de los ventanales, tras los cuales escondí la noche arrancada del día y seccionado, el odio del amor.

Frío susurro

Todavía no entiendo como pudo acorralarme si estábamos en mitad de la nada. Tal vez, aunque mis zancadas eran tan largas como quise imaginar, él era tan poderoso como fue capaz de pensar.
Sólo recuerdo el frío como un susurro vivo, adueñándose de mi alma y haciéndola suya como un parásito invisible de brazos largos. Aún hoy seguimos trenzados en una dualidad andante y pensante, abocados el uno al otro y a una realidad de la que jamás podremos escapar.

Lejos

Lejos…
Mientras encuentre un sitio donde pueda esconderme y quede tiempo del que tenga que huir.
Muy lejos…
Hasta que no haya un mañana que venga detrás ni una verdad que a todos nos conjugue.
Más lejos…
Sólo entonces.
Cuando ya no tenga nada, ni letras ni leyes…
Ni siquiera tú.
Ni yo.

Mientras la vida pasa

Alrededor, las escenas no dejan de bailar.
Igual que la luz y las sombras que proyectan.
También la gente con su nervioso devenir y sus palabras idiotas.
Inútilmente, trato de seguirlo todo con la mirada. Pero a veces, ni con el pensamiento puedo.
Arremolinada, la realidad juega con vosotros y os hace bailar con el resto de las cosas.
En mitad del movimiento y como el ojo del huracán, sólo yo permanezco estático.
A veces errático.
Y mientras, la vida pasa…
en sentido figurado.

La anciana de la calle 24

En la calle 24 ha habido un asesinato:
Una vieja mata a un gato con la punta del zapato.
“Pobre gato.
Y qué hija de puta, la vieja de los cojones.
Ojalá reviente”.
Es lo que dijo la gente, cuando la noticia se extendió por todo el barrio.
Las protectoras de animales la denunciaron y el juez la condenó a prisión, pero por su avanzada edad no llegó a entrar en la carcel.
Todo el barrio dejó de hablarle. Algunos la insultaban. Los padres apartaban a sus hijos de su camino. Los tenderos se negaban a venderle cosas. Los dueños de los bares y los bingos no la dejaban entrar.
Repudiada, triste y sola no le quedó más remedio que cambiarse de casa.
Se mudó a la calle 25 de otro barrio y todos se alegraron de que se fuera excepto la gente del nuevo barrio que también conocían la historia.
Al poco tiempo, la vieja se suicidaba.
Se tiró por la ventana.

Los niños inventaron una cantinela:

En la calle 25
una vieja ha dado un brinco
y saltó por la ventana
a la calle 26
5 gatos la observaban
en la calle 27
y en la calle 28
se pusieron a maullar.

Llorar & Morir

En esta vida sólo mueres una vez, aunque puedes llorar muchas veces.
Yo sólo he llorado una vez, pero he muerto varias veces. Y en todas y cada una de ellas, en lugar de llorar dejaba escapar palabras, frases y poemas, para que al leerlo fueran otros los que llorasen en mi lugar.

2 mitades

Como aquella película en blanco y negro en la que las nubes afiladas pasaban por delante de la luna y después una cuchilla rasgaba un ojo que miraba al infinito con absoluta indiferencia… el filo por el que yo paseaba me seccionó con total limpieza y precisión.
Ahora soy dos mitades unidas por no sé qué extraña magia que siguen paseando tambaleantes, por ese filo del que aún hoy, sigo enamorado.

Volar

Lo absurdo de las cosas
y lo absoluto del mundo
nos mantiene amarrados a él…
girando con él…
queramos o no.
Volar, sólo volar.
Dejar de mostrarme.
Volar más alto que
las miradas de la gente
y sus absurdas opiniones.
Volar más allá de todo
y más lejos que siempre.
Hasta que duela la lejanía,
el esfuerzo no será en vano.
Sin preguntarme por qué
o por qué no.
Mientras…
Los días seguirán comenzando
hasta que el mundo se detenga.
Y cierre mis ojos.
Y pliegue mis alas
(mis alas de fantasía).

El óvulo valiente

Era la única célula del cuerpo visible a simple vista. Llevaba en su interior 23 cromosomas heredados de su dueña, genéticamente, una copia fiel y exacta.
Un óvulo, la célula más grande del cuerpo humano. Y, sin ninguna duda la más importante.
Le habían dicho que lo único que tenía que hacer era esperar.
Posar, con glamour y sensualidad, y estar muy atenta. Nada más. Después vendrán, le decían, en manada, a por ti, se pegarán por ti, se matarán por entrar dentro de ti y hacerte suya. Te harán sentir especial. Tú espera, nada más, ni siquiera tienes que elegir. Es muy sencillo, te elegirá a ti el más fuerte, que a veces también es el más guapo, le insistían. No es ideal? Qué más se puede pedir?
Pero aquello no le convencía.
Esperar yo? A que me elijan? Y por qué? Eso son estupideces! Que esperen ellos. Y que elijan a su puta madre!… Yo me piro de aquí. No necesito a nadie para sentirme especial. Yo soy especial. Soy un óvulo, la célula más grande e importante! Soy el origen de la vida!, se dijo convencida… Y se fue. Sin ningún glamour ni sensualidad. Por llevar la contraria. Con paso firme y aire chulesco, tarareando “Honky tonk women” de los Rolling Stones.
En su descenso por las trompas de falopio se los encontró. Nadando atropelladamente, empujándose, pisándose los unos a los otros.
Yo primero, yo primero! Repetían sin parar.
Parecían una torpe y ruidosa panda de descerebrados…. Pasó de ellos y continuó su camino.
Algunos se dieron cuenta y la miraban incrédulos.
Donde va esta? Preguntaban unos.
Tú sigue nadando y no preguntes! Respondían otros.
Ya volverá, sólo se está haciendo la interesante, se oía por ahí.
Machorra, vete a hacer la tijera!, insultaban por allá.
Porque, volverá no? Musitaban los últimos…
Y ahora qué hacemos?, se cuestionaban derrotados, los primeros.
Pero el óvulo prosiguió su descenso, los dejó atrás a todos mientras versionaba, muy acertadamente “It’s raining men” de The weather girls.

Ella disfrutaba su bisexualidad de forma sana y libre. Aun así, a lo largo de sus últimos años había tenido que oír demasiadas cosas. La gente está llena de prejuicios. Una mujer puede hacer y disfrutar de su cuerpo sin que por ello tenga que ser una guarra. Cómo convencerlos? A veces no se puede, es una batalla perdida. Pero no importa. Que piensen y que digan lo que quieran. Que se queden con sus prejuicios y sus tópicos aprisionando sus mentes y sus vidas estrechas. Sólo se vive una vez. Y hay que disfrutar.
Y disfrutó. 2 veces en unas pocas horas. Primero con un chico que conocía de vista. Y horas después con una chica que hacía tiempo le gustaba.
La misma chica que mientras le daba placer, notó cierto sabor metálico en la boca. La misma chica que se llevó el óvulo, adherido a la humedad de la comisura de sus labios.

Durmieron extasiadas, desnudas y abrazadas una larga siesta.
Cuando despertaron, decidieron irse a cenar. No era el mejor restaurante de la cuidad, ni se pidieron el vino más caro de la carta. Pero daba igual. La cena fue para ellas la más especial del mundo. Y también lo fue el vino y el brindis.
Y tras él, las copas quedaron con la marca de los labios.

Al terminar la cena, la camarera recogió las copas, los platos y los cubiertos y los dejó en la cocina.
Cuando una compañera agarró la última copa del último servicio del día para meterla en el lavavajillas, no pudo evitar rozar el borde con sus dedos.

Su jornada laboral había acabado y se marchó a casa. Llegó cansada, muy cansada. Pero aún le dio tiempo a ver a su pequeña antes de que se durmiera.
Le deseó buenas noches, le dio un beso, y le acarició el pelo. Sólo por eso, sólo por ella, sólo por esa mirada tan tierna y esa caricia tan dulce merecían la pena las horas interminables en la cocina de ese restaurante.
La niña durmió plácidamente. Quizá porque desde uno de los rizos de su pelo, el óvulo se pasó casi toda la noche velando su sueño y cantándole nanas.

Tuvo turno de noche en el hospital y llegó a primera hora de la mañana. Antes de acostarse, lo primero que hizo fue entrar a la habitación de la niña para darle un beso mientras aún dormía. Ella también le acarició el pelo con suavidad, sabía que le encantaba.
A esa misma hora, su novia se levantaba para ir de nuevo al restaurante. Se abrazaron, se besaron y se desearon buen día… Y mientras una se tomaba un café para despejarse, a la otra le hacía efecto la infusión relajante.

Horas más tarde, se despertó… hubiera jurado oír a alguien muy cerca de ella cantando aquella canción de Wham!, “Wake me up before you go go”.
Lo primero que haría sería darse una ducha. Pero antes tenía que envolver el regalo que tenía listo para su hermana por su cumpleaños. Era fotógrafa de National Geographic y mañana mismo empezaría un largo viaje… la revista le había encargado reportajes en varios lugares del mundo.
Su regalo para ella era una cámara réflex último modelo. Y un teleobjetivo. Sólo le quedaba enroscarlo en el cuerpo de la cámara y envolverlo todo. Al hacerlo, dejaba sin querer sus huellas en la tapa protectora del teleobjetivo.

Semanas más tarde, cuando la dirección de la revista National Geographic viera las fotografías, se reuniría con ella para felicitarla por su extraordinario trabajo y ascenderla a fotógrafa jefe.

Salió del despacho sonriendo y recordando. Sonriendo por el merecido ascenso, y recordando aquel curioso viaje en el que decenas de canciones le venían a la cabeza mientras hacía su trabajo. A veces, le daba la sensación de que, inexplicablemente, alguien las cantaba muy cerca, sólo para ella.

Así pues, en Guiza (mientras esperaba la posición del sol idónea para fotografiar las pirámides), cantó “Walk like an egipcian”, de The Bangles.
En la cordillera de Alaska (a los pies de la montaña más alta mientras tiritaba de frío esperando a que nevara para lograr un efecto único con la luz y los copos), Let’s snow” de Doris Day.
En el nacimiento del Mississippi, (subida a una roca para lograr el ángulo perfecto), “Your love like a river” de Third day.
Una noche que fotografiaba la luna llena, (tuvo que esperar despierta varias horas a que fuese realmente llena), “Fly me to the moon” de Frank Sinatra.
Y en el Serengueti (fotografiando a unos cachorros de leona lo más cerca posible, desde el jeep), “Wild women do” de Natalie Cole.

Se fue de fiesta con sus amigas, para celebrarlo.
Entre muchas otras canciones, cantaron “Who run the world? (girls)” de Beyoncé, “Pretty woman” de Roy Orbison… y por supuesto, “Las chicas son guerreras”.

Mil caras

Aquella que imaginé, que soñé. Aquella que todas las noches se enamoraba de mí. La que yo mismo perfilé con pensamientos y anhelos.
Quien después de darme calor se perdía entre el frío de las sabanas cuando llegaba el día. A quien puse mil caras y cada noche le dedicaba un poema. Ella era la extensión de mi soledad, alimentada con promesas y abrazos imaginarios. Tenía mil maneras de acariciar y otras tantas de marcharse.
Una noche no acudió a su cita. A pesar de amarla con toda mi alma, no fui capaz de llorar. Quizá porque nunca fue mía.
Y me olvidé de ella.
Tiempo después, la he vuelto a ver.
La noche la envolvía mientras la observaba por la ventana. Ausente, caminaba descalza por los tejados. Parecía el espectro de una dama victoriana, herida y despechada, arrastrando mis promesas de amor como si fueran viejos y pesados ropajes. Seguía teniendo las mismas mil caras, una distinta para cada noche.
No me miró. Sólo caminaba…
Cerré la ventana.
Decidí dedicarle un último poema. Para que le ayudase a llegar al final de la noche y no pierda lo único que tiene. Para que encuentre pronto otro soñador que pueda construirle un mundo imaginario, tan sólo para ella.
Antes de volver a mi cama, supe que no era yo sólo el que la había imaginado.
Tras muchas de las ventanas, había una mirada observando su lento paseo hacia la nada, sintiendo exactamente lo mismo que yo.
Desde entonces, en las noches más oscuras, sólo cuando no hay luna que la observe, sale a pasear. Y desde su mirada vacía y ausente, nos recuerda… o nos maldice. A todos y cada uno de los que le jurábamos amor eterno hasta que después amanecía… A todos los que un día nos olvidamos de ella.