La vereda

Aún en el páramo pueden abrirse veredas, por las que entre ráfagas de viento discurra algo de poesía.
Aunque sea la última…
Parecerá que ya no hay nada, pero quedarán las ganas de todo, lo dejado de sentir, lo faltado por hablar.
Aunque sea lo único…
Donde los sonidos son lentos y al tiempo le falta un rato para llegar, donde tú y yo quedamos abrazados y enredado, tu pelo en mis promesas.
Aunque sean las de siempre…

12 meses. Diciembre

LA HUIDA

Esto no es “…y se marchó y a su barco le llamó libertad y en el cielo dibujó gaviotas…”
Cuando el valor se marcha, no queda ni siquiera el atrevimiento de poner nombres estúpidos a barcos que se adentran en el mar para no volver.
Los días contados de Diciembre huyen. Ya no importa el tiempo que llevamos sino el tiempo que queda para que todos los relojes se paren a la vez. Pero hasta que suceda, Diciembre huye sin mirar atrás… Mientras lo hace, yo me quedo con los puños levantados y cara de idiota. Vacío, engañado, no hay guerrero más vencido que aquel que no tiene adversario.

12 meses. Noviembre

EL FINAL

No todas las cosas empiezan en Enero ni terminan en Diciembre.
Noviembre llegó puntual pero lo hizo con los ojos en blanco… y no era un blanco de nieve.
No hablaré de las hojas del Otoño –que ya ni siquiera buscaré– tampoco del frío o de la lluvia; el final llegará como una amenaza a destiempo. Nadie lo creerá pero todos tendremos que asumir sus consecuencias porque no quedará otra opción.
En la nueva verdad, la genialidad reverenciará a la desolación y no tendrán tiempo de mirarse a los ojos –esos ojos en blanco que no eran de nieve–.
No llegaré. No llegaremos. Todo terminará en Noviembre, antes de que el frío regrese. Cuando no toca, cuando aún queda por caer, por sufrir, por morir.
No hace falta que lloréis, no nos dará tiempo. Yo no lo haré porque también soy nada. Ya, ahora. También. Además.
La tardía profecía del Otoño que nadie creyó. Por la que todo se arrastra, rodando hacia su fin, antes de que el Invierno llegue, con los ojos en blanco, esos ojos extraños que no eran de nieve.

La katana

De labios finos y ojos rasgados…
Su beso cortaría el aire y tu alma, si la pones a su alcance.
Te araña con cuidado y con cariño, a la vez que te desangras y te enamoras.
Por ella. De ella.
Sueño con tenerla en mis manos y que desangre mi alma a cambio de un beso, de una sonrisa brillante y curvada.
Por ella, con ella, mi katana, cortar el aire y abrir el cielo.

Si…

Si esta carta fuese de amor la firmaría con lluvia para echarte de menos.
Si estas líneas fueran un dibujo serían “El beso” de Gustav Klimt o un boceto de Dalí.
Si estas letras fuesen un deseo sería el tuyo, si fueran una pena sería la mía y si fuesen un privilegio sería el de tenerte.
Si este papel no fuera mudo sonaría un rock’n’roll y alguien gritaría ¡Oh yeah!
Si estas palabras fuesen valientes y no buscaran desesperadas un sitio donde esconderse estarían escritas con mi sangre.
Y si hoy no hubiera ayer ni mañana ni tampoco distancia… entonces le gritaría al mundo que te quiero… ¡Oh yeah!

Despedida

Trazadas mis palabras –que no escritas– con sextante y mapa estelar, ahora sólo ruedan, solas, y se alejan –se adentran– sin ningún deseo, sin preguntar ni siquiera por qué.
Sal conmigo a la ventana, juntos las despediremos, antes de que se marchen del todo.

Artículos imaginarios

UNA MEDUSA EN MI CABEZA

Nunca creí en los horóscopos y no sé si a estas alturas todavía ocupan sitio en las últimas páginas de los periódicos o revistas…
No es ese el debate, pues esta es sólo la introducción para decir que soy un signo de agua (Piscis), pero que a mí lo que me gustaría en realidad sería volar. Soñar, se me ocurre, es también una manera de volar, aunque un poco “light”, dicho sea de paso.
Metáforas y dualidades aparte (volar y soñar) tengo que admitir que en eso mi horóscopo sí que me define, porque al parecer los Piscis, por aquellas casualidades zodiacales, somos soñadores por naturaleza. Pero no es volar ni soñar lo que me ha traído a escribir estas líneas; lo que ocurre es que sin saber por qué me acordé de un grupo zaragozano (por desgracia disuelto hace ya muchos años) que se hacían llamar “Los Especialistas” y en mi opinión, eran talento en estado puro; un placer escucharles. Uno los últimos CDs de este grupo me lo regaló mi hermano y tenía por nombre “Un pez en mi maleta”… y pensando en tan original frase, he llegado al título de esta nuevo artículo del blog.
Porque, de la misma manera en que Los Especialistas presumían de tener un pez en su maleta (no especificaron nunca si era una sardinilla de unos pocos gramos o un siluro de 150 kilos), yo presumo de tener una medusa en mi cabeza. Es cierto que hace años era un bonito acuario tropical de aguas cálidas, lleno de pececillos de colores vivos y plantas de largas hojas que se movían mecidas por la suave corriente. Pero ahora, por esas rarezas que tiene la vida, los pececillos de colores dieron paso a una gran medusa solitaria de color azul luminoso. Posiblemente se comiera a todos los pececillos, incluidas las plantas de hojas largas. O quizá no, puede que tan sólo los sustituyera. Da igual. Ahora es ella la que flota en mi cabeza, sin pasado ni memoria, en completa y serena deriva.
No sé si siente o si padece, si sueña o si duerme, pero es hipnótico verla moverse despacio, con esos tentáculos que parecen abarcarlo todo mientras dibujan extrañas formas; enredándose, deshaciéndose, en conexión con sus pensamientos azulados que son los míos.
Ya no trato de comprenderla ni de comunicarme con ella, yo sólo la observo, a veces dominante, a veces sometida, pero siempre bella. Ajena. Inmune. Ausente… Con ese azul, inevitablemente mío, del que siempre seremos dueños.

No puedo terminar esta entrada sin dejar de mencionar a mi cuñada Mónica:
Ella también es Piscis, y en su brazo derecho tiene un precioso acuario tatuado, desde el hombro hasta la muñeca.
No sabría precisar lo que mi cuñada tendrá en la cabeza (puede ser un calamar, un pulpo, un delfín, un gato, un zorro, o todo ello a la vez) pero en el acuario de su brazo, sí que tiene una bonita y gran medusa, flotando, en perfecta calma y armonía junto a muchos otros elementos marinos.
Aún no lo había hecho, pero hoy le doy las gracias y le dedico esta entrada.

A veces, la serenidad azul de nuestras medusas logra comunicarse sin necesidad de hablar.

Mi burbuja

Palpita. Ausente, sufrida.
Sufriente. Dormida, me envuelve.

Aunque parezca hecho con lágrimas antiguas el cristal no se evapora como lo hicieron ellas.

En su caída, la línea era blanca pero al otro lado del prisma tú la viste de colores.

No podré salir ni tú entrar, por más que te acerques, la burbuja me mantiene lejos, a una vida y media vida de distancia.

Incluso cuando ésta acabe, todo lo que fui seguirá en su interior.

Palpitando, durmiente.
Mi envuelta ausencia.

Pequeñas historias y grandes dramas del mundo

NO A LA EXPLOTACIÓN INFANTIL

Madrid:
—Qué sorpresa mamá, la abuela me dio unas monedas! Me compraré un zoo! Y un unicorning! Y unas maricosas! Y un orangegután! Y un pájaro ebanero!
—¿Ebanero o ebanista?
—Un pájaro ebanista.
—¿No será carpintero?
—Eso, un pájaro ebanero.
—Muy bien cariño, pero eso será mañana; ahora a cenar y a dormir.

Somalia:
—Mira mamá! Con las monedas que me dio el patrón he comprado pan tierno en lugar de cogerlo del vertedero! Verás qué sorpresa se lleva la abuela!

Rarezas

Hay un nudo en cada minuto que estoy obligado a deshacer para seguir avanzando, despacio.

Hay un ojo que dibujo, ciego y mudo, tras cada esquina, para que me observe, me juzgue y me lleve preso –si fuese necesario–.

Hay algo que sobra, que falta, que ahoga, que quema.

Hay algo que es nada, pero lo abarca todo. Tan cercano, tan distante…

No lo busques, no lo toques, no lo quieras, no lo entiendes… porque no queda, no suena, no flota ni vuela…

Pero está en mí y desde mí.
Por mí y para mí.
Y morirá conmigo.

Dios no juega a los dados

Mi nombre es Satanás
Y quien juega a los dados soy yo.
Si sale uno… mueres.
Si sale dos… te asesinan.
Si sale tres… te violan.
Si sale cuatro… te arruinas.
Si sale 5… cometen una terrible injusticia contigo.
Sólo si sale 6 me meto en tu cuerpo. Y para sacarme, te hará falta un buen exorcismo.
Es muy divertido.
Me encanta el juego.

Dios en cambio, juega con un cubo de Rubik:
Si hace el lado blanco… nieva.
Si hace el lado rojo… nace una rosa.
Si hace el lado verde… crece un árbol.
Si hace el lado azul… sube y baja la marea.
Si hace el lado amarillo… luce el sol.
Si hace el lado naranja… amanece.
Y cuando resuelve el cubo entero… llueve y se forma un bonito arco iris.

Pero todo eso son idioteces.
Mi juego es mucho más divertido.
Agito el dado con furia…
Y lo arrojo con todas mis ganas, siempre contra los mismos.
¿Quieres saber qué te ha salido?

* * * * *

La frase de Albert Einstein “Dios no juega a los dados” es una cita, sacada de contexto, que se emplea incluso como prueba de que el físico creía en divinidades, en el destino o que mostraba así su rechazo a la teoría de la evolución de Darwin. Argumentos de autoridad aparte, la historia tras estas palabras es bien diferente, y ha suscitado gran cantidad de ensayos al respecto:
Einstein se refería al universo como a “Dios”, una forma de hablar que compartieron físicos como Stephen Hawking. Debido a sus palabras tuvo que aclarar que, en efecto, no creía en divinidad alguna. La comparación con los dados tampoco quería decir que creyera en algún tipo de destino. La metáfora es tan sólo una crítica a la mecánica cuántica, que el nobel de Física rechazaba con rotundidad.

Artículos imaginarios

LA HOJA DE MAYO DEL CALENDARIO

Aún sin enterarme mucho de lo que pasa a mi alrededor, suelo fijarme en las cosas. Y acabo de darme cuenta de que, a pesar de estar a más de la mitad de Junio, todavía no he arrancado la hoja del mes de Mayo en el calendario.
La acabo de arrancar ahora mismo –admito que con cierta superioridad hacia la pobre hoja, que tampoco es que me hubiera hecho nada malo– y mientras la arrugaba, tenía la gran duda de si el mes de Mayo había durado sólo un mes, o un mes y medio.
No me miréis así; no da igual.
Es una cuestión importante. Un mes tiene que durar un mes. No puede haber meses de un mes y medio. Por favor, ¿qué confianzas son esas? No hay nada más imperturbable que el tiempo, aún cuando nos parezca que unas veces vuela y otras se para. Yo sólo quiero un poco de linealidad a la que agarrarme. Por eso no puede haber meses que duren un mes y medio, porque entonces, una vida sería más de una vida; sería una vida y media, y nosotros, ignorantes, haciendo como que da lo mismo. Así pues, si seguimos ese criterio, o parecido, una novela, una película o un culebrón turco (que ahora están tan de moda) además de lo que son, podrían ser un también un espejo en el que vernos reflejados. Y una mirada que aparte de un par de ojos, ella sola es capaz de contener una ilusión, una esperanza o la más completa de las tristezas. Y nosotros mismos, sin ir más lejos. Que además de certezas también estamos hechos de dudas, y además de con placeres, también estamos hechos con dolores. Incluso una afición, que además de afición puede ser igualmente un vicio… O un amigo, cuando además de ser un amigo, también es un tesoro.
Vale, para qué seguir, si ya está más que claro.
Me equivoqué y rectifico. Además del mes de Mayo, estamos rodeados de cosas que son más de lo que parecen (a excepción de las personas, que por norma general se empeñan en parecer mucho más de lo que son. Pero ese es ya otro tema).
Y ahora, con la hoja del mes recién arrancada y arrugada, miro el avanzado mes de Junio y soy incapaz de calcular el tiempo que me queda para tener vacaciones.

La lluvia

Bohemia (139)

Me concedieron un deseo, sólo uno.
Elegí lluvia, como podría haber elegido sol, cielo, nebulosa o big bang.
Mi deseo me fue concedido, y nunca supe –ni sabré– quién me lo propuso y me lo otorgó, pero pienso, empapado, que podría haber sido mucho peor.
A veces me deslizo como una corriente por la inclinación de las aceras y otras veces permanezco estático, como un charco en el que puedes reflejarte si así lo quieres.
Pero, mi consejo, si a ti también te dieran a elegir… no elijas lluvia. Elige sol, o niño, o tigre, o tierra.
Déjame a mí las gotas grises y frías porque ya las hice mías. No te diluyas ni te vuelvas transparente, y no te deslices que eso es cosa mía. Corre, elévate, empodérate y vuela… que yo me quedo a ras de suelo, ajeno y a salvo de tu fuerza, siguiendo mi pendiente camino del mar.